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Horacio Vives Segl

Los desplegados y la pugna por la narrativa

ENTRE COLEGAS

Horacio Vives Segl
Horacio Vives Segl
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Como fue ampliamente divulgado, hace unos días un grupo de intelectuales firmó un desplegado titulado “Contra la deriva autoritaria y por la defensa de la democracia”. No están todos, pero sí puede decirse que es una buena muestra de las mentes y plumas más brillantes y elocuentes del país. Voces y letras plurales y críticas no sólo de este gobierno, sino de las últimas administraciones, lo que cualquiera puede comprobar si revisa sus respectivos historiales.

Como suele suceder con este tipo de desplegados, cada palabra fue medida cuidadosamente. Difícilmente se puede disentir en el recuento de los hechos y argumentos ahí vertidos: el triunfo inequívoco del actual Presidente; que la mayoría ciudadana no votó por los partidos de la coalición de Morena y que, aun así, violaron la Constitución para obtener una mayoría de escaños en el Congreso de la Unión; la asfixia al pluralismo político; el avance del Ejecutivo sobre los otros poderes del Estado; el deterioro de la administración pública y las instituciones constitucionales; el desprecio por la ciencia y la cultura; la descalificación del movimiento por los derechos de las mujeres; la “austeridad suicida” con la que se ha manejado la crisis sanitaria y el rechazo a un acuerdo nacional para reactivar la economía y salvar el empleo. Nada que un sensato observador promedio de la realidad nacional no pueda suscribir.

Como era de esperarse, su contenido despertó ámpulas entre el lopezobradorismo y su líder. Éste contestó con una nota titulada “Bendito coraje” (sic con facepalm), en la que, sin siquiera tratar de comprender el mensaje de los remitentes, desplegó todas sus manías ideológicas e incluso religiosas. En realidad no le contestó a nadie, ni le interesaba hacerlo, sino dirigirse exclusivamente a su propia grey, diciéndoles de nueva cuenta aquello que él ya sabe que a ellos tanto les gusta oír.

Tratar de asociar y reducir los avances democráticos a una añoranza por los Emilios (o los Duartes o las Rosarios, para los efectos) es sencillamente un sofisma absurdo y engañabobos, como lo es también el reclamo a los “abajofirmantes” por supuestamente defender o guardar “silencio cómplice ante los fraudes electorales de la historia reciente del país”, siguiendo al pie de la letra —como lo ha hecho fielmente ya por catorce años— la máxima propagandística del nazismo de repetir las veces que sea necesaria una mentira para convertirla en verdad.

Ante esta respuesta, otro grupo de líderes de opinión firmó un nuevo desplegado, en términos más duros, recordando cómo el mismo López Obrador se benefició de la apertura democrática mexicana (en lo que va de este siglo se ha presentado en cuatro elecciones, de las cuales ganó dos y perdió dos) y denunciando las intenciones presidenciales de volver al antiguo régimen, predemocrático y autoritario.

Hoy se cumplen 600 días de esta administración. Transcurrida ya más de una cuarta parte de su duración, sin resultados favorables ni argumentos racionales, parece evidente que la única estrategia que el lopezobradorismo tiene a la mano es mantener en el garlito a la mayor cantidad posible de adeptos que sigan asimilando su narrativa como acto de fe.