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Horacio Vives Segl

Elecciones en México y en Estados Unidos

ENTRE COLEGAS

Horacio Vives Segl
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En estos días, los procesos electorales en Estados Unidos y en México entran en etapas de importante intensidad.

Al norte del río Bravo, a escasas ocho semanas para la elección presidencial en Estados Unidos del 3 de noviembre, terminaron las convenciones que proclamaron las candidaturas presidenciales, con resultados contrastantes. Prácticamente no hay nada que criticar en la convención demócrata: fueron muy cuidadosos en el fondo, la forma y la inclusión de los representantes de los distintos sectores de la población; excelente discurso y actuación de Joe Biden; muy cuidada organización, considerando las restricciones y limitaciones —así como los espacios para la creatividad— apropiadas en el contexto del Covid-19. Por el contrario, la convención republicana fue deslucida, carente de un discurso potente, con un presidente-candidato sin argumentos y con un acto de campaña muy polémico en plena Casa Blanca, rompiendo así toda tradición estadounidense (¡qué sorprendente que no esté en ninguna ley!) en el sentido de no hacer uso de recursos del Estado con fines partidistas; y, además, sin tomar las mínimas medidas sanitarias para el evento.

A las emergencias sanitaria y económica que asolan a todo el planeta, en Estados Unidos hay que agregar una crisis política doméstica, detonada por los abusos policiales racistas y las protestas que éstos desataron. Si bien las encuestas en el agregado siguen dando una intención de voto favorable a Biden, por el sistema electoral en Estados Unidos, no hay que perder de vista el comportamiento de algunos estados que pueden ser clave en el Colegio Electoral.

Mientras tanto, al sur del río Bravo, este lunes inició formalmente el proceso electoral 2020-2021. Si bien todavía estamos lejos del arranque de las campañas y más aún de la jornada electoral del 6 de junio del año próximo, este banderazo de salida es bastante sui generis. Varias razones lo hacen atípico: hay procesos electorales locales en curso en Coahuila e Hidalgo, con jornada electoral en octubre; se encimó la aprobación del registro de nuevos partidos políticos, cuya resolución definitiva aún depende del Tribunal Electoral; el INE es mandatado por dicho tribunal a organizar, fuera de los supuestos específicos contemplados en ley, el proceso de renovación de la dirigencia de Morena, que ese partido lleva un año sin poder resolver y cuya definición judicial sigue inconformando a sus diversos sectores; y nunca, desde que la autoridad electoral es autónoma del Gobierno, se habían visto tantos y variados tipos de ataques e intentos de intromisión por parte del Gobierno en turno en las elecciones: una vez descartada la realización concurrente del ejercicio de revocación de mandato, se propone una absurda consulta popular sin fundamento constitucional para incidir permanentemente durante la campaña, mientras los esfuerzos del oficialismo se alinean en descalificar al INE y a algunos de sus funcionarios.

Todo esto ante la complejidad inédita de realizar la elección concurrente más grande de la historia y en pleno desarrollo de una pandemia sanitaria. Por el bien de la democracia mexicana, ojalá se despejen uno a uno los nubarrones de tormenta en la planeación de ese largo y complejo viaje.