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Jacqueline L'Hoist Tapia

Esposa no puede ser un adjetivo para niñas

HABLANDO DE DERECHOS

Jacqueline L´Hoist Tapia
Jacqueline L'Hoist Tapia 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Jacqueline L'Hoist Tapia

El simple hecho de llamar a una niña esposa, nos debería de dar escalofríos, por lo que conlleva el significado de ser esposa, es por eso que es fundamental hablar del matrimonio forzado, y aunque sobre todo se da en niñas de comunidades rurales, porque son las más desprotegidas, no significa que nos quede lejos o que no nos afecte su terrible realidad. Es un hecho que las niñas que nacen en el municipio de Cochoapa, Guerrero, por decir un ejemplo, no tienen la misma calidad de vida que las niñas nacidas en la Ciudad de México o en otras ciudades del país. Hechos así no podemos evadirlos ni pasarlos por alto, hay que analizar cuáles son las circunstancias y por qué estas circunstancias persisten hoy.

De acuerdo con Save the Children México, aquí una de cada seis mujeres se casa antes de los 18 años. De estas niñas que muchas veces son obligadas a casarse, el 73% termina abandonando sus estudios para dedicarse a tareas del hogar. A estos datos se suma además la violencia que padecen el resto de sus vidas. Una vez casadas, 49% sufren violencia física y 68% violencia sexual. Entendemos entonces que es un problema grave, del cual el Estado mexicano y todas las personas estamos obligadas a hacernos cargo.

Otro dato para destacar es que en 2015 había 75 mil 446 adolescentes casados entre 12 y 17 años, de los cuales poco más del 70% no asisten a la escuela, esto quiere decir que el matrimonio infantil forzado no afecta solamente a niñas, si bien es cierto que son las principales afectadas, los niños, aunque en menor medida, también son víctimas de esta terrible práctica. Mientras que las niñas son forzadas a dedicarse al hogar, los niños se ven obligados a trabajar fuera de casa.

En el caso específico del estado de Guerrero, no fue hasta el año 2018, que en el Código Civil del estado se estableció la mayoría de edad como requisito para contraer matrimonio. Sin embargo, la impunidad que persigue la violencia que viven las mujeres, niñas y adolescentes, hace que no pase nada, y es que parece que a nadie le importa o nadie se cuestiona por qué le debería importar, dejando pasar los hechos y, por tanto, la conducta permanece y encuentra un refugio, ahí en la justicia que no se ejerce.

Por otro lado, integrantes de la organización Kinal Antzetik han registrado venta de mujeres en al menos cuatro municipios de Guerrero, donde hacen acuerdos que van desde los 50 mil a los 250 mil pesos. El móvil de esta despiadada acción es sólo uno y se llama machismo, no sólo el que ejercen los hombres en comunidades indígenas en contra de las niñas, sino de todas aquellas personas que justifican el hecho desde los usos y costumbres, como si por ser una conducta milenaria significara que debe mantenerse y tolerarse, como si por el simple de hecho de que se haga como costumbre estuviera bien.

Niñas, no esposas. La palabra “esposa” jamás debería definir a una niña, le arrebata su infancia, rompe su proyecto de vida y la violenta permanentemente.