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Javier Solórzano Zinser

Nos andan cerrando la puerta

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano ZinserLa Razón de México
Por:

Sin negar que el Gobierno ha hecho un gran esfuerzo y hasta cierto punto ha respondido a las demandas de la pandemia, también es cierto que ha ido entrando en un círculo vicioso.

Veremos estos días si por fin el vocero atiende voces como la del rector de la UNAM, quien hizo una crítica razonada y precisa sobre el estado de las cosas. Si a lo largo de este año no se han atendido otras voces que no sean las del equipo del vocero, es probable que al llegarles el agua al cuello se vean obligados a atender por fin opiniones externas.

Estamos ante varios frentes. El más grave es el interno. Nos movemos en medio de una crisis de tanques de oxígeno, de saturación de camas en los hospitales, de una muy confusa estrategia de vacunación, a la que se suman los problemas para conseguir ataúdes y poder despedir a nuestros muertos.

Todo ello enmarcado en un hartazgo social con una crisis económica que avanza de manera imparable. Lo que son las cosas, ahora resulta que el pronóstico de que el PIB caería a más del 12% quedó en 8.5%, a lo que el gobierno anda poniendo buena cara porque “las cosas pudieron estar peor”.

Es un desastre desde donde se vea y lo peor es que el futuro es igual de incierto. Si bien la pandemia nos ha pegado de manera frontal, no perdamos de vista que desde antes, en el 2019, veníamos con decrecimiento.

El otro factor que nos empieza a pegar de manera severa es el externo. En un mundo interconectado no hay quien no sepa lo que le pasa a su vecino. Muchos países empiezan a tomar medidas que nos afectan precisamente por lo que alcanzan a ver de cómo estamos manejando la pandemia.

Estamos ya en el tercer lugar de personas fallecidas. Al mismo tiempo la letalidad es la más alta del mundo lo que desde hace tiempo debiera ser un factor del cambio de estrategia, sigue siendo un lamentable enigma por qué no se hizo. La soberbia del vocero y quizá también su falta de sensibilidad nos tiene atrapados sin salida con la pandemia permeando en todo el país.

Hemos insistido en la idea de que en el balance final, esperemos que algún día llegue, el vocero va a quedar en entredicho, pero no pasemos por alto las responsabilidades que también va a tener eventualmente el Presidente.

Con la pandemia por doquier los países se están cuidando hasta donde les es posible. Es claro que el nuestro es, desde hace tiempo, una nación de alto riesgo. No es que no quieran venir a México, sino que si algo ven es que nuestro país sigue sin tomar medidas drásticas lo que deriva en una proliferación de contagios y fallecimientos.

El colmo es que el gobierno ha ideologizado un asunto tan sencillo como necesario: el uso del cubrebocas.

La decisión de gobiernos como el de Cuba, España y señaladamente Canadá está en esta línea. No dudamos los grandes problemas que tienen estos países. Evitar el tránsito de personas al máximo y cancelar y restringir vuelos a México está en función del diagnóstico no sólo de estos países, sino del mundo entero, va teniendo de lo que está pasando en México.

Particularmente el turismo, que es una de nuestras grandes fuentes de ingreso, se va a ver afectado por el gran número de canadienses que en estos meses vienen a México.

Justin Trudeau tomó una decisión que seguramente le fue difícil, pero lo hace pensando en sus gobernados y en el diagnóstico que las autoridades de salud de su país tienen de México.

A los factores internos de suyo rudos, desgastantes, preocupantes, tristes y cada vez más peligrosos y confusos, ahora se suma el factor externo.

Y para colmo de males el mundo nos anda cerrando la puerta.

RESQUICIOS

A sus 75 años don Raúl Vera ha decidido dejar la diócesis de Saltillo la cual encabezó por 20 años. Ahora va a dedicar sus esfuerzos a la Casa del Migrante en la capital de Coahuila. Don Raúl es un gran hombre que, como él dice, “incómodo” al Vaticano y seguramente también a muchos gobernantes; se va pero no se va lo cual es una gran noticia.