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Javier Solórzano Zinser

Se aprovechan, no aprovechan

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano ZinserLa Razón de México
Por:
  • Javier Solórzano Zinser

Los partidos políticos acaban por ser en la gran mayoría de los casos los primeros responsables del descrédito de la política. No solamente es por la particular selección de candidatos, sino también por lo que en muchos casos son capaces de hacer con tal de mantener el registro o ganar las elecciones.

Ya con la eventual victoria es cuando empiezan a pensar qué se tiene que hacer y cómo enseñarle a sus “personajes” a ser legislador, presidente municipal o gobernador. En muchos casos la enseñanza es secundaria, lo que importa es controlarlos y dirigirlos antes que pasar por el aprendizaje.

En la gran mayoría de los casos, “los personajes” terminan por ser manipulados por las dirigencias de los partidos. Los rodean de un séquito que se encarga de gobernar, todo se reduce a ganar posiciones sin importar mucho el cómo y lo que se va a hacer.

En algún sentido en Morelos se ha presentado esta dinámica. No queda claro si Cuauhtémoc Blanco es quien gobierna o es el entorno quien le dice lo que debe hacer. Una cosa es la intuición, ser popular, regalar balones, tener identidad con los ciudadanos y otra muy distinta la gobernabilidad.

En muchos casos, la selección de candidatos pasa por el pago de favores o por buscar mantener cuotas de poder para lo cual se opta por personajes “famosos” o “conocidos”. Estos días estamos de nuevo en ello, lo que pasa es que a diferencia de otras elecciones da la impresión de que en esta ocasión se ha agudizado la tendencia.

En medio de todos estos vaivenes, para bien en el Legislativo se ha desarrollado durante años una auténtica cultura política, la cual a menudo ha sido y es una especie de tablita de salvación que ha impedido caos mayores y que también ha permitido una profesionalización legislativa.

Mujeres y hombres han desarrollado sus vidas en el Congreso bajo una genuina vocación política, la cual ha sido clave para el avance de las cámaras; sin embargo, también en muchos casos ha caminado bajo el sometimiento, muchas veces sin dar batallas, las imposiciones de sus dirigencias partidistas.

Morena no ha cambiado ciertos paradigmas. Durante muchos años se criticó rudamente el hecho de que el Congreso estaba a disposición de los legisladores del partido del presidente, al paso de estos años Morena ha repetido fórmulas que lo ubican no como si fueran diferentes, más bien a veces parecen iguales a los otros.

Una de las variantes está en que el país tiene un Presidente omnipresente, muy poderoso e influyente. Su voz e indicaciones no pasan por un debate entre los legisladores de Morena, más bien son una orden.

Los partidos políticos con tal de ganar distritos y tratar de alcanzar mayoría en el Congreso son capaces de cualquier cosa. No somos el único país que pasa por estos lances; sin embargo, está claro que en la medida en que se va profesionalizando la vida política la selección de candidatos se convierte en una tarea más cuidadosa, porque a todos va quedando en claro lo que está en juego.

Una de las razones por las cuales a los ciudadanos nos resultan atractivos “los famosos” se debe a que al no formar parte de la vida “política” se convierten en una alternativa, confusa pero alternativa; son una respuesta ante el hartazgo de los “políticos”.

Los partidos son por definición la organización para la participación democrática, son quienes por ley y convicción representan a los ciudadanos, pero en lo general, están lejos de serlo.

En lugar de aprovechar lo que esto significa se aprovechan de los ciudadanos por quienes hablan y dicen representar.

RESQUICIOS

Que conste. La activista y defensora del uso medicinal y lúdico de la marihuana Mariana Sevilla nos dijo ayer que se debe permitir el autocultivo, no nos pueden dejar en manos de los vendedores. Pedimos que nos recibieran y no lo hicieron. Deben terminar los estigmas sobre los usuarios, hay que cambiar incluso el lenguaje. Lamento que no avancen a cabalidad; va para largo.