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Javier Solórzano Zinser

Covid-19, seamos serios

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser
Por:

Un muy serio problema paralelo a la pandemia ha sido y es el cúmulo de contradicciones informativas por parte de las autoridades.

No es un asunto reciente. A lo largo de estos meses se ha venido insistiendo en las imprecisiones y en las falsas expectativas que ha provocado el hecho de que se reporten datos sobre presuntos momentos climáticos y sobre el fin de la pandemia que se terminan ahogando ante la terca realidad.

Covid-19 ha llegado para quedarse. Los ciudadanos nos hemos ido convirtiendo en algún sentido en especialistas. Hemos ido adquiriendo un código al tiempo que vamos adquiriendo información que nos va permitiendo entender y actuar.

Si bien existen sectores que siguen dudando de las consecuencias de la pandemia, algunos hasta la niegan, la gran mayoría estamos ciertos de lo que está provocando y hemos buscado mecanismos para defendernos y sobrevivir.

La responsabilidad está visto que es colectiva, pero el Gobierno como rector de la sociedad es quien dirige el proceso para enfrentarla. Por más obvio que sea esta afirmación no perdamos de vista que lo que las autoridades hacen o dejan de hacer trasciende de una manera absoluta.

La información que ofrece el Gobierno es la guía para la acción ciudadana. No se puede entrar en terrenos contradictorios y se debe ser particularmente escrupuloso en  la forma y fondo en que se hacen las cosas. Una contradicción puede ser, sin exagerar, de enormes consecuencias.

El desgaste del vocero está produciendo confrontaciones con otros actores políticos, al tiempo que se ha estado exponiendo de manera tal que ha ido perdiendo credibilidad y autoridad, lo cual en una función como la que cumple es de enorme riesgo.

Hace unas semanas el doctor Miguel Ángel Navarro, quien encabeza la Comisión de Salud del Senado, nos decía que era necesario hacer un alto en el camino. Que ofrecía al Senado para llevar a cabo un debate con especialistas que discutan, evalúen y debatan el estado de las cosas.

La propuesta, por cierto hecha hace más de un mes, se hizo con base en la percepción de que las mediciones no eran precisas, de que había otras opiniones de especialistas que debían ser tomadas en consideración, y que por principio era necesario reflexionar para saber en qué etapa estamos y para prepararse para lo que viene.

La propuesta del senador no es la única. Reconocidos científicos a nivel nacional e internacional han insistido en la importancia que tiene intercambiar opiniones. Es necesario, diríamos que por principio, pero también lo es porque la pandemia no deja de crecer sin dejar de reconocer que la responsabilidad, particularmente en las últimas semanas, pasa directamente por los abrumados y necesitados ciudadanos.

El debate sobre las mediciones no es menor, a pesar de las descalificaciones de unos y otros. En lugar de discutir con seriedad el tema el vocero ironiza, y a quienes tienen información derivada de investigaciones con metodología diferente de la que utiliza López-Gatell les aplica aquello de “ni los veo ni los oigo”.

La pasada semana ha sido una de las más difíciles de sortear, los fallecimientos y los contagios no han dejado de crecer y sin importar de dónde vengan las mediciones la constante es que crecerán al doble o triple de lo que ya padecemos.

No es tiempo de confrontaciones como tampoco lo es para provocar incertidumbre con información imprecisa.

Tampoco se vale generar expectativas cuando estamos en medio de una situación en donde la premisa central debe ser informar sobre el estado real de las cosas, el cual está a la vista de todos que es de vida o muerte.

Por nosotros mismos, seamos serios.

RESQUICIOS.

Pareciera que la visita de López Obrador a Washington fue el punto de partida de Trump para acercarse a los mexicanos en la búsqueda de su reelección. Por más que el balance sea favorable para el tabasqueño se aplica aquello de que “uno nunca sabe para quién trabaja”.