Javier Solórzano Zinser

Parlamento Abierto, un buen debate

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Javier Solórzano Zinser
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Javier Solórzano Zinser

En el muy interesante debate en el Parlamento Abierto sobre la Reforma Electoral en la Cámara de Diputados de ayer, quedó claro que en comunicación, redes sociales y redes digitales hay que cambiar muchas cosas para enfrentar con nuevos instrumentos las elecciones del 2024 para una mayor equidad y certidumbre. 

Las experiencias de las campañas anteriores en medios y redes, 2006, 2012 y 2018, terminaron por confundir y ser abiertamente discrecionales. Se aprovecharon de los hoyos legales, al tiempo que prevalecieron los intereses y conveniencias, sobre todo en las grandes cadenas de radio y TV.

De lo que carece la Reforma Electoral propuesta es de una ausencia casi total en los temas de Comunicación, redes sociales y digitales. El asunto es de llamar la atención, porque los jóvenes del país en buena medida están metidos de lleno en estas áreas; no deja de sorprender el hecho.

Hay muchas cosas que atender. Una de ellas es la cada vez más cuestionable veda política, tanto en el desarrollo de las campañas como en el hecho que los medios de comunicación no puedan referirse a la contienda cuatro días antes de la elección.

En las últimas elecciones la veda ha estorbado. En días previos a la elección los medios dejan de transmitir información de partidos y candidatos, mientras que en las redes se siguen difundiendo todo tipo de comentarios, apoyo a candidatos y críticas aprovechando que no hay manera de tener un seguimiento puntual sobre ellas.

Las redes son utilizadas en días previos a la elección por los partidos para contratar a los influencers o “personajes” para que emitan tuits en favor del partido o de un candidato, mencionando las bondades del personaje.

Como no hay manera de tener un seguimiento y el INE está en medio de esta dinámica queda muchas veces rebasado. Se difunden una gran cantidad de mensajes que de alguna manera pueden tener una eficacia ante la inminencia de la elección y no hay forma de que rápidamente se puedan tomar decisiones al respecto.

Algunos partidos se inconforman ante el INE; sin embargo, las condiciones en que se dan las cosas no permiten tomar medidas en lo inmediato. Las quejas son atendidas, trabajadas e investigadas, pero sólo al paso del tiempo se puede sancionar, lo cual por lo general deriva en multas que quizá sean por mucho, menores a lo que les pagaron por emitir sus tuits; algunos de los “personajes” han llegado a decir que no sabían de lo que se trata.

Lo cierto es que los medios tienen que actuar acorde a la ley, en tanto que las redes, a pesar de las regulaciones, caminan por otra vía; a veces son reguladas y a veces se autorregulan. Estamos ante un debate de carácter mundial.

Más allá de las quejas, lo que parece definitivo es que algunas partes del modelo democrático va perdiendo vigencia. La democracia mexicana se ha construido sobre la desconfianza, la cual de muchas maneras se sigue manifestando. El triunfo de López Obrador abonó a la confianza, pero esto no significa que haya desaparecido.

Lo que sí está ante los electores es el reconocimiento de un avance que hoy pudiera intensificarse con cambios concretos que ya podrían ponerse en acción en el 2024.

Lo que sigue siendo una paradoja es que en las redes el juego es absolutamente libre, pero en los medios existen un conjunto de candados que imposibilitan el flujo de la información y el ensanchamiento de la libertad, sin soslayar que son muchos los intereses que se mueven alrededor de esta industria.

Fue un muy buen debate el de ayer en San Lázaro, ojalá las y los diputados lo atiendan para lo que tienen que decidir.

RESQUICIOS.

No fue la mejor de las respuestas a un tema tan delicado y doloroso como la desaparición de personas la que dio el titular de Gobernación. Si bien hay más contexto en la respuesta del “no confío”, había muchas alternativas para buscar palabras y formas para no parecer intransigente y poco solidario.