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Javier Solórzano Zinser

Tenemos que seguir hablando del Covid

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser
Por:
  • Javier Solórzano Zinser

Estamos en medio del cansancio colectivo. Ha sido difícil y no dejará de serlo porque además de estar bajo una nueva forma de vida también hemos perdido familiares y amigos. 

Hemos entrado en un proceso de hartazgo que nos ha llevado a dejar de cumplir de manera estricta las medidas indispensables para evitar los contagios.

Se ha presentado también una actitud inquietante y riesgosa que nos ha llevado a desatender la información cotidiana sobre la pandemia. Un dato revelador es el que haya evidencias de cómo las audiencias en radio y televisión tienden a bajar cuando en los noticiarios se habla de la pandemia.

Se está haciendo cada vez menos caso a la información sobre las medidas para no contagiarse y sobre la información cotidiana sobre el estado de las cosas. Hay elementos para comprobar que la gente le cambia de canal o de estación de radio cuando aparece la información sobre la pandemia en los noticiarios.

Se tiene que revertir el comprensible hartazgo. Han sido meses muy difíciles que además han estado marcados por la desigual información oficial. Una variable a atender es que el Gobierno no acepta la crítica, invariablemente encuentra en los elementos externos la explicación de lo mal que pueden andar las cosas, o de plano opta por hacerse a un lado que lo malinterpretan.

La llamada de atención de la OMS a nuestro país, pidiendo que se tome en “serio” a la pandemia, acabó siendo interpretada por el multicitado vocero como un mensaje que no iba dirigido al Gobierno. La interpretación lleva a que se vea como responsables a los ciudadanos como si las estrategias instrumentadas hubieran sido diseñadas por nosotros.

Cada vez que aparece una crítica al Gobierno éste termina por deslindarse como si no fuera responsable de nada. Hace algunas semanas todo era reír y cantar con los diagnósticos que la OMS hacía sobre nuestro país, hoy hasta la Jefa de Gobierno, por lo general pausada, defendió la estrategia como una de las mejores del mundo en nuevo afán oficial de andar comparándose con otros países.

No hay de otra que seguir hablando del coronavirus. Por más hartazgo que tengamos ponerlo en la mesa nos lleva a mantener la conciencia y atención. Por más crítico que sea todo lo que se diga sobre lo que hacemos en el país debe ser al menos un referente.

Así como el informe de Bloomberg fue cuestionado por destacados especialistas, hay que identificar que la opinión de la OMS merece todo tipo de atención lo cual incluye al Gobierno.

La respuesta del cada vez más desgastado vocero resultó fuera de lugar. Entre sarcásticamente y haciéndose a un lado acabó diciendo que “no me lo dicen a mí”. De alguna manera le dio la espalda a los ciudadanos a los que tanto se apela y presuntamente considera.

Los días que vienen son muy difíciles porque acaban conjuntando dos circunstancias. Por un lado, hay evidencias claras de que ha repuntado la pandemia, cada vez hay más casos, más personas fallecidas y cada vez nos cuesta más trabajo permanecer en casa, sobre todo a un amplio sector de la población que vive en la informalidad.

Por otro lado, se acercan fechas en que las fiestas acompañan nuestras vidas. Se va a requerir de un gran esfuerzo y conciencia colectiva para cumplir con las medidas de distancia y el uso del cubrebocas, el cual para la OMS es fundamental para lo cual no deja de exhortar a dirigentes del mundo a que lo hagan.

Veremos si el afamado vocero en esto sí hace acuse de recibo de la OMS porque es sabido que el Presidente argumenta que no usa el cubrebocas porque López-Gatell le ha dicho que no es indispensable.

Vienen días difíciles y todas y todos debemos tener claro que no podemos dejar de hablar del coronavirus.

RESQUICIOS

Los altos índices de popularidad del Presidente confirman que sigue siendo una esperanza y una alternativa para millones de personas. Lo que es un foco de atención es que sobre las acciones de su Gobierno existen más dudas que certezas.