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Jorge Camacho

Así la CDMX

ELUCIDACIONES

Jorge Camacho
Jorge Camacho 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Jorge Camacho

Es evidente que el disparo de salida para las diferentes sucesiones a cargos de elección popular, dio inicio concluidas las elecciones del pasado mes de junio. El Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, fue el encargado de hacer sonar la chicharra y formar a los contendientes para la presidencial del 2024. De eso ya se ha escrito y se seguirá escribiendo.

Lo que está pasando desapercibido es lo que sucederá en la Ciudad de México, donde Morena era prácticamente imbatible y, a partir de junio pasado, mostraron sus muchas vulnerabilidades.

Ya no es como hace algunos años, y sería un error seguir creyéndolo; ya no cualquiera sólo con la marca puede ganar una elección en la CDMX. Hoy se requiere mucho más que decirse amigo o cercano al Presidente, o creador y fundador de un movimiento; eso ya no alcanza.

Los que suenan, o los que quieren hacerse sonar, no todos tienen clara la película de lo que les espera en la contienda capitalina, basta con hacer números y entender que las matemáticas no se equivocan, y que los ciudadanos quieren algo más que sólo más promesas y esperanza.

Quien encabece las aspiraciones del partido en el poder, necesita algo más que la bendición de la actual jefa de gobierno, no es suficiente ser fundador de Morena y mucho menos un agitador o luchador social de toda la vida.

Hoy se requiere a alguien que sea conciliador, que tenga poder de decisión, que sepa ejercer el poder y que no se deje impresionar por el mismísimo Jefe del Ejecutivo.

La moneda está en el aire para los cercanos a Morena, nadie la tiene ganada y la oposición, si se mantiene unida, si trabaja sin descanso, si se preocupa por conciliar y escuchar, podría dar la campanada, y arrebatarle una de las joyas más preciadas a la izquierda en México.

Hoy quien quiera gobernar tiene la necesidad de conciliar la actividad política con principios y valores éticos y morales, y los líderes visibles parece que han extraviado los propósitos sociales del bien común, el compromiso con los más necesitados y la vocación de servicio. A la sociedad mexicana, particularmente a la de la CDMX le cuesta cada vez más trabajo reconocer la crucial relación entre ética personal y moral pública. La clase política es fiel reflejo de los tiempos que vivimos como nación.

La convivencia social en la CDMX está amenazada por marcadas diferencias. Género, clase, religión, cultura, agravadas por la descomposición económica, política, social y moral de nuestra sociedad, que acrecienta sus diferencias por la corrupción imperante en muchos de los ámbitos de la vida pública. Estos procesos se reproducen en toda la estructura social, y generan un clima permanente de incertidumbre, desconfianza, desesperanza y violencia.

Morena no tiene fácil la conquista de la CDMX, y la oposición, un poco menos complicado, después de las elecciones de junio. Nadie puede dar por seguro nada. Nos esperan campañas agresivas por parte de todos los contendientes. De momento, nada para nadie.