Jorge Camacho

Ucrania

ELUCIDACIONES

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Jorge Camacho

Toda guerra es indeseable. No hay motivos que la justifiquen aunque se socorra al dicho de Carl von Clausewitz: “La guerra es la política por otros medios”. Todo enfrentamiento es el fracaso de la política. El caso de Ucrania concentra elementos por momentos contradictorios.

La justificación de la invasión por parte de Vladímir Putin remite a una impostergable “desnazificación” del país agredido, alude a la “drogadicción” de sus dirigentes.

Curiosamente, no habla de una historia en común de los dos países: Ucrania y Rusia. En efecto, Ucrania formó parte de Rusia desde hace muchos siglos. De hecho, los cosacos, epítome de Rusia, proceden de Ucrania. Putin omite esta relación para subrayar la decadencia de un país en la actualidad soberano. No ha dudado en lanzar divisiones acorazadas hacia sus principales poblaciones: Jarkov, Jerson, Kiev. Su primer revés se lo ha llevado al reparar en que la resistencia del pueblo ucraniano es mayor a lo esperado. Junto a esto, errores en la cadena de suministros han dejado a los tanques sin gasolina. Ante la resistencia, el mandatario ruso ha recurrido a la amenaza nuclear. Mientras el pueblo ucraniano pelea en las calles, Putin dobla su apuesta. Lo previsible es que los rusos tomen las principales poblaciones en unos días, aunque la resistencia es tan decidida que incluso las previsiones pueden cuestionarse.

Sorprendentemente, quien sale reforzado del enfrentamiento es la Unión Europea, que por primera vez afronta una guerra en su frontera con unidad. Ucrania acaba de solicitar su ingreso en la UE, poco después han hecho lo propio otras naciones. El asunto no es menor. Después de que la UE se hiciera de la vista gorda con la guerra de los Balcanes, la invasión rusa de suelo ucraniano opera como pretexto de una unidad que no tiene precedentes. Francia, Alemania, Italia, Holanda, etcétera, se hacen cargo de la situación apoyando con equipo militar y armamento a la república ucraniana. Secundan los llamados de socorro del presidente Volodímir Zelenski. La OTAN, que no ha entrado en el conflicto porque Ucrania no es país miembro, ha desplegado fuerzas al este de Ucrania. El conflicto también refuerza a la OTAN, cuya utilidad venía siendo cuestionada desde hace años. La solicitud de Ucrania para entrar en la OTAN y en la UE es la que ha generado el conflicto. Rusia advierte en este hecho un riesgo a sus intereses, porque tendría la amenaza nuclear casi en su propio territorio. Putin parece utilizar a Ucrania como escarmiento para que otros países de la antigua Unión Soviética no sigan los mismos pasos. La situación implica que Rusia no puede fracasar en su plan para sustituir el gobierno de Zelenski por otro cercano a sus propios intereses. La tesitura es dramática. La única salida para Rusia es deponer al actual gobierno ucraniano.

Así las cosas, no parece que Ucrania pueda resistir por mucho más tiempo. Cuanto mayor sea la resistencia y las tropas rusas no consigan sus objetivos, mayor es la probabilidad de que Vladímir Putin se vea tentado de utilizar armamento nuclear. El panorama es aciago. Ni los ucranianos van a rendirse ni los rusos cejarán en sus propósitos. Hay una amenaza real de que el conflicto se internacionalice.