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Leonardo Núñez González

Oposición dividida contra Maduro

EL ESPEJO

Leonardo Núñez González
Leonardo Núñez González
Por:

La situación económica y social de Venezuela es hoy igual de angustiante, trágica y crítica que hace más de año y medio, cuando Juan Guaidó fue designado como presidente encargado desde su papel de líder de la Asamblea Nacional de Venezuela, el último cuerpo democrático en el que la oposición logró obtener una victoria considerable. Sin embargo, esa misma oposición se enfrenta actualmente a uno de sus momentos políticos más complejos y riesgosos.

En el fondo de la discusión se encuentra el debate sobre cuál es la vía a través de la cual hay que enfrentarse al régimen del dictador Nicolás Maduro. El liderazgo de Guaidó logró unificar y proyectar hacia afuera una alternativa que, por momentos, pareció crear un poco de esperanza en la posibilidad de un cambio de régimen. Respaldado por una buena parte de la comunidad internacional, en especial por parte de Estados Unidos y la Unión Europea, la presidencia provisional abrió un momento único de presión sobre el régimen bolivariano que, sin embargo, resistió.

Aferrado al poder y respaldado por el ejército, el gobierno de Maduro logró mantenerse a pesar de la unificación de prácticamente toda la oposición interna y externa. Los conflictos al interior del país se han intensificado, no sólo por las múltiples manifestaciones ciudadanas y la continuidad en la precarización de todos los indicadores de desarrollo y bienestar, sino incluso por la pérdida absoluta de control en algunas partes del territorio que ha permitido, por ejemplo, que el gobierno esté al margen de la gigante industria de extracción ilegal de oro en el arco minero del Orinoco, que es controlada por el crimen organizado. En esta situación casi anárquica, el poder relativo del régimen de Maduro es incapaz de lidiar con los grandes problemas nacionales, pero es suficiente para seguir controlando las instituciones en las que sostiene su supuesta legitimidad democrática.

Bajo esta premisa, el gobierno se prepara para celebrar unas nuevas elecciones parlamentarias el próximo 6 de diciembre. Los 27 partidos políticos principales de oposición han decidido que no participarían en esta “farsa electoral”, apostando aún por una estrategia apalancada en la presidencia de Guaidó y en no otorgarle ni un dejo de validación al chavismo en el poder. Sin embargo, la larga batalla sin un resultado claro en el horizonte ha comenzado a dividir a la oposición, situación que llegó a su cúspide cuando a mitad de la semana pasada Henrique Capriles, una de las figuras más visibles del antagonismo con el chavismo y que en dos contiendas electorales estuvo a punto de obtener el triunfo presidencial, declaró que las elecciones parlamentarias abrían una rendija de oportunidad para enfrentar a Maduro y derrotarlo en las urnas. Alejándose del consenso del resto de partidos, ha decidido apoyar y registrar múltiples candidatos que participarán en la elección, a la vez que ha buscado intensificar la observación internacional sobre el proceso para tratar de garantizar condiciones democráticas mínimas. La oposición se ha fragmentado y ahora caminará por múltiples vías, mientras tanto, Nicolás Maduro sonríe.