Mónica Argamasilla

La importancia de la ficción histórica

LAS LECTURAS

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Mónica Argamasilla

Para poder conocer hacia dónde vamos tenemos que saber de dónde venimos. Conocer el pasado es entender el presente, y una herramienta que nos ayuda a lograrlo es sin duda la ficción histórica.

Ahora que el mundo se enfrenta a una nueva guerra es cuando nos preguntamos si como humanidad no hemos entendido nada, no hemos sido capaces de aprender de nuestros errores. Cuando se terminó la primera guerra mundial se creó la Liga de las Naciones para garantizar que no volviera nunca a suceder un conflicto a esa escala y 20 años después Europa se enfrentaba de nuevo a la realidad de una nueva guerra. Los padres veían marchar a sus hijos a una realidad de crueldad y muerte que ellos conocían bien y que no querían revivir.

La novela o ficción histórica nunca será un documento fidedigno, siempre lleva una parte de ficción que es la licencia que se da el autor a la hora de escribir y poder transportarnos a otras épocas. Hace poco en una entrevista, Laura Martínez Belli me dijo que a veces la realidad no alcanza para hacer ficción, y ahí entra la mano del novelista, para completar los vacíos, para dar una voz y un rostro a los sucesos históricos de un modo más personal, de forma que nos toquen de un modo más directo.

La novela histórica es entonces la combinación entre una realidad histórica concreta y situaciones o personajes de ficción que tratan de recrear una época específica. Lleva por supuesto una gran investigación por detrás.

La ficción histórica es la puerta de entrada, nos da un panorama, nos sitúa en un momento determinado. Nos enseña el rostro humano de la historia, es decir, no se queda en datos o cifras o fechas específicas. No habla de los grandes héroes o villanos de la historia. Nos habla de los seres anónimos que pudieron ser reales o no, pero que son una recreación de la forma de pensar o vivir de la época de la que se habla.

Ésa es la forma que tenemos de acercarnos al pasado y entonces si queremos conocer más, podemos investigar los datos reales y separar la realidad de la ficción, pero siempre servirá de entrada para conocer el pasado y así entender el presente y hacia donde puede enfilarse un futuro que nos preocupe.

Si queremos conocer la forma de pensar de cierto pueblo, o tratar de entender una época determinada, la novela histórica es una herramienta entretenida que nos abre la curiosidad y así nos dan ganas de saber más.

Leer es una forma de viajar. Mirar el mundo a través de los ojos de un guía de turista local. Deshacernos de nuestros propios prejuicios culturales o religiosos para empatizar con la época y los personajes. La regla de oro para poder entender a los personajes es mirarlos desde su punto de vista, y no desde el nuestro, para entonces poder ampliar nuestra visión y enriquecer el espíritu.

La empatía es una cualidad que se puede adquirir leyendo. Para entender las diferencias históricas entre culturas y pueblos que se han enfrentado por años, la lectura es primordial. El conocimiento nos da poder.

Si lo que sucede en el mundo nos preocupa, es tiempo de ocuparnos. Hay que leer, investigar, informarnos. Que el pasado nos sirva de lección para poder caminar en el futuro. Cualquier evento histórico no es un hecho aislado, hubo un antes, un porqué y un después. Si queremos entender lo que sucede en nuestro mundo, tenemos que aprender de las respuestas que nos da el pasado. Ése es el valor de la palabra escrita, es el único testimonio que prevalece, y aun cuando la ficción histórica se mezcla con la imaginación del autor, nos permite tener distintos puntos de vista, y poder tener un criterio propio con conocimiento de causa.

Dejemos que la literatura nos cautive y luego cerremos el ciclo investigando aquello que nos interesa. Sólo así podremos cambiar el mundo.