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Mónica Garza

¿A qué “santo” se encomendará Florencia Serranía?

GENTE COMO UNO

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Por:
  • Mónica Garza

Había pasado poco más de medio día del colapso de la estructura de la Línea 12 del Metro, entre sus estaciones Tezonco y Olivos, y que Lucía —una joven enfermera del IMSS— caminaba asustada entre un mar de policías, rescatistas, cámaras de televisión, heridos y muertos.

Por el uniforme que llevaba, consiguió colarse a la zona cercada para reporteros y preguntar entre ellos, si alguien tenía la lista de los fallecidos. Buscaba a su tío, desaparecido desde la noche anterior.

Difundió como pudo la fotografía de Sergio Valentín Rodríguez, de 61 años, quien andaba trabajando en el Metro Tezonco, donde solo “había ido a entregar un reporte”, antes de irse a su casa ubicada cerca del Metro Tlaltenco, tres estaciones adelante.

La última comunicación con él fue a las 10 de la noche, 22 minutos antes de la tragedia. 19 horas después, Sergio V. Rodríguez ya aparecía en la lista de fallecidos y Lucía vivió ese terrible momento que enfrentarían 26 familias más, en un hecho sin precedentes en la Ciudad de México.

Lo ocurrido esta semana debió de ser la gota que derramara el vaso, que desde hace meses se llena con la lista de eventos desafortunados ocurridos desde noviembre de 2018, con el relevo de administración en el sistema que transporta casi 6 millones de mexicanos a diario.

El 8 de febrero de 2019, en plena hora pico, decenas de personas quedaron atrapadas cuando unas escaleras del Metro Tacubaya sufrió una falla mecánica que provocó un embudo que terminó con 2 personas heridas y más de 12 meses sin el servicio de dicha escalera, afectando particularmente a personas de la tercera edad y/o con discapacidad que todos los días la emplean.

Tres meses después, una falla conocida como “zapatas pegadas”, en las vías de la estación Balderas de la Línea 1, generó grandes cantidades de humo que obligó al desalojo de los pasajeros y suspensión del servicio. Se calificó como un problema “sencillo de resolver”, pero donde la falta de mantenimiento jugó un papel determinante.

En marzo de 2020 chocaron 2 trenes, nuevamente en Tacubaya, donde una persona perdió la vida y 40 quedaron lesionadas; se determinó que el hecho había sido resultado de omisiones de operación por parte del conductor y la reguladora en los procedimientos de seguridad correspondientes.

Los vagones del Metro que se desplomaron con el colapso del tramo elevado de la estación Olivos.Foto: Cuartoscuro

El 9 de enero de este año, antes de las 6 de la mañana, se incendió el “cerebro” del Metro de la Ciudad de México y las llamas alcanzaron a sus oficinas en la colonia Centro, donde 30 trabajadores quedaron atrapados e intoxicados y donde María Guadalupe Cornejo —elemento de la policía bancaria— perdió la vida al caer de uno de los niveles que fue alcanzado por el fuego. Por este hecho, 6 de las 12 líneas que funcionan en la Capital quedaron inactivas, afectando a millones de personas.

¿Cómo olvidar aquel: “A ver, yo soy la directora general del Metro, solamente”? que pronunció Florencia Serranía para deslindar a su administración de la responsabilidad que claramente le correspondía, al revelarse que por meses la subdirección de Mantenimiento, estaba acéfala y de la que ella misma se encargaba.

Fue entonces que comenzó a circular el rosario de videos en redes sociales, donde los propios trabajadores mostraban el estado de sus herramientas, sustituyendo con jabones y un mapa dibujado en papel, el tablero electrónico que debía mostrar el avance de los trenes para su monitoreo.

El primer trimestre de 2019 contabilizó 1,056 carpetas de investigación abiertas por robo en el STCM, 500% más en comparación con el año anterior, y un récord absoluto en los más de 50 años de vida del sistema de transporte; donde además, entre el 30 de enero y el 11 de febrero de 2019, 48 carpetas de investigación fueron abiertas por intento de secuestro.

“Voy a seguir trabajando y voy a colaborar con la Fiscalía en lo que pueda para determinar la causa del daño estructural que sucedió el día de ayer”, dijo esta semana Florencia Serranía, directora general del Sistema de Transporte Colectivo Metro, quien apareció 14 horas después del desplome, en una conferencia de prensa virtual, descartando renunciar a su cargo.

¿Por qué sigue Florencia Serranía Soto al frente del Metro? ¿Por qué sus omisiones y ausencias en momentos clave nunca tienen consecuencias? ¿Por qué se siguen justificando las imperdonables fallas de su gestión? ¿Qué más tiene que pasar para que el sistema que transporta a casi 6 millones de personas diariamente tenga una dirección en la medida de la responsabilidad que representa? ¿Qué esperan?…