Lunes 18.01.2021 - 20:07

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Montserrat Salomón

Insurrección y democracia

POLITICAL TRIAGE

Montserrat Salomón
Montserrat Salomón
Por:

El ataque al Capitolio perpetrado por seguidores de Trump, incitados por él para enseñarle a los “republicanos débiles” lo que deberían hacer, terminó con violencia y muerte. Ante la inexplicable ausencia de la Guardia Nacional, los pocos elementos de seguridad se vieron rebasados y el Palacio Legislativo cayó en manos insurrectas generando caos y manchando de sangre sus pasillos. Esto no fue una protesta, fue una turba envalentonada por el Presidente que no está dispuesta a aceptar que perdieron en las urnas y buscaban impedir que se declarara oficial el resultado electoral.

“Estamos aquí porque Trump nos llamó”, dijo alguno mientras el caos se desataba, y tenía razón. El presidente fue claro al llamarlos y lanzarlos contra los legisladores y el mismo vicepresidente para demostrar que no cederán el poder. Luego, como es su costumbre, se lavó las manos sin mandar un mensaje de paz y unidad. La gente utilizada y manipulada afrontará cargos, mientras que Trump planea el siguiente paso para mantener su poder y privilegios: un canal de televisión, un nuevo partido, oficinas públicas para sus hijos, una nueva carrera hacia la presidencia. Dinero manchado de sangre.

Pelosi y los demócratas barajan las opciones de respuesta no queriendo desaprovechar la ola de indignación, incluso entre miembros del partido republicano. La presión sobre Pence para invocar la Constitución y destituir a Trump desde una votación dentro del gabinete es fuerte. La otra vía es la de un nuevo juicio de destitución promovido desde la Cámara de Diputados. Se necesitarían 2/3 de los senadores para condenar a Trump, aunque se tendría que trabajar bastante para convencer a los senadores republicanos de la necesidad de darle la espalda al presidente, la importancia de esta condena no puede desestimarse. Si Trump fuese declarado culpable de incitar una insurrección, le sería prohibido tomar cualquier nuevo puesto en el gobierno, terminando con sus aspiraciones para presentarse nuevamente a la presidencia dentro de cuatro años.

Cualquier acción que decida tomarse contra Trump y sus seguidores tendrá lugar en los días clave de la transición de poderes, aumentando la tensión y teniendo un costo político para el presidente entrante. Biden busca tender puentes entre ambos partidos y algún tipo de reconciliación y normalidad política; sin embargo, el presente clima de crispación y su condena a los actos de Trump no lo ayudarán en esta misión.

Trump gana con la división y la violencia. Su base se solidifica y se vuelve cada vez menos crítica y más violenta. Es un momento peligroso para la democracia norteamericana. Aunque le cueste a Biden, hay que frenar las futuras aspiraciones políticas de Trump.