Miércoles 27.01.2021 - 03:05

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Rafael Rojas

Donald Trump y el “golpe blando” contra Georgia

APUNTES DE LA ALDEA GLOBAL

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Donald Trump, durante una ceremonia realizada el pasado 3 de diciembre.Foto: AP
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Toda esta semana el gobierno cubano ha trasmitido, por medio de declaraciones del presidente Miguel Díaz Canel, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, varios programas de televisión, algunas manifestaciones convocadas y una andanada de mensajes en las redes oficiales, que en Cuba se produjo el “último intento” de la administración de Donald Trump por derrocar la Revolución a través de un “golpe blando”.

La causa de la campaña oficialista fue el malestar de cientos de jóvenes intelectuales y artistas con la forma en que el gobierno enfrentó una huelga de hambre y sed sostenida durante más de una semana por el Movimiento San Isidro. La comunidad artística era partidaria de una negociación con los huelguistas, pero el gobierno prefirió la intervención de la sede del colectivo y el arresto de sus miembros.

En esos mismos días Donald Trump estaba concentrado en una trifulca pública con el gobernador de Georgia, Brian Kemp, y el Secretario de ese estado Brad Raffensperger, luego de que éste acreditara el triunfo de Joe Biden en las pasadas elecciones. Trump dijo que Kemp había permitido que su “estado fuera estafado” y que Raffensperger era un “supuesto republicano” que admitía el fraude electoral en Georgia.

El Secretario salió entonces en defensa de las instituciones electorales de Georgia y de la confianza en el conteo de votos. La respuesta del mandatario y sus partidarios escaló por medio de amenazas de muerte contra funcionarios electorales del estado. El gerente del sistema de votos de Georgia, Gabriel Sterling, también republicano, denunció que contratistas de condados, que habían participado en la organización de la contienda, recibieron mensajes de que serían ahorcados y atacados sexualmente.

Raffensperger y Sterling denunciaron que entre fines de noviembre y principios de diciembre, Trump y sus seguidores estaban alentando la violencia en el estado. La hostilidad que se propagaba en las redes, contra funcionarios de Georgia, podía, según ellos, fácilmente desembocar en actos criminales contra el gobierno estatal. El ambiente que el trumpismo estaba creando en Atlanta era el de un virtual golpe de Estado federal contra un gobierno democráticamente electo.

La expresión “república bananera” es de mal gusto porque tiene su origen en una percepción prejuiciada de América Latina en poderosas corrientes de opinión de Estados Unidos durante la época del apogeo intervencionista de la United Fruit Company. Pero cuando se atribuye a Donald Trump, su estilo y su práctica de gobierno, capta con nitidez el desprecio a las instituciones y las leyes de una democracia y la apelación a métodos golpistas como los que predominaron en la derecha latinoamericana del siglo XX.

Lo que intentó Trump en Georgia es mucho más parecido a un golpe de Estado que lo que han hecho en las últimas semanas cientos de jóvenes artistas e intelectuales en Cuba. Lo que ha sucedido, en esencia, es una huelga de hambre y sed de un pequeño grupo en la sede del Movimiento San Isidro, un plantón cívico —con aplausos, himno nacional y canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés— frente al Ministerio de Cultura, un diálogo de 30 representantes de los jóvenes y varios funcionarios y, luego, una semana de arrestos preventivos y descalificaciones permanentes, en medios y redes oficiales, de los manifestantes como “mercenarios” y “terroristas”.

El último mensaje de los jóvenes al Ministerio de Cultura, el pasado jueves, se titulaba “Reunión domingo, ideas para condiciones”, en alusión a un pactado encuentro con el ministro este fin de semana. La respuesta de la institución fue dar por cancelada la reunión porque en un “correo insolente”, se quería “imponer, de modo unilateral, quién dialogaba y para qué”. Este portazo al diálogo con la juventud crítica coloca al gobierno cubano en la tesitura de la derecha autoritaria en América Latina y el Caribe.