Rafael Solano

El cambio social empuja lo político

DE LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

Rafael Solano*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Rafael Solano
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Rafael Solano

Uno de los objetos de esta columna es ayudar al lector a fortalecer la visión crítica sobre lo que ocurre en nuestra patria evitando las sobresimplificaciones que nos alejan del análisis estructurado. Estamos en un país que arrastra un profundo cambio social en los últimos 30 años; vivimos un cambio de paradigmas, por poner en ejemplo, en el ámbito religioso, al inicio de los 90, prácticamente el 90% de la población se autoidentificaba como católica, en 2020, el porcentaje de la población que se autoadscribe católica es de 77.7%; de acuerdo a la última Encuesta Nacional sobre Creencias y Prácticas Religiosas en México, RIFREM de 2016, los mexicanos tienen un reconocimiento de la libertad religiosa, y cada vez más católicos se apartan de la norma y se reconocen como practicantes más autónomos o “a su manera”, de hecho ya en ese año se identificaba un elevado cambio religioso en los estados del norte del país; actualmente hay indicadores que nos relatan un cambio más profundo. A inicios de 2020, 42% de los mexicanos acudían a servicios religiosos una vez o más a la semana, en 2022, después de la pandemia, lo hacen 24% (Alejandro Moreno).

Otro cambio social importante y relativamente nuevo para los mexicanos son las otrora “benditas redes sociales”. Apenas en 2015, 57% de la población era usuaria de internet, en 2020, significaba el 72% de la población total, con una penetración en entornos urbanos de 78% y en los rurales de más de 50%. El tiempo de uso se incrementó sustancialmente, casi una hora en un año, para llegar a 9 horas diarias, en las cuales los mexicanos recibimos toda clase de impactos informativos. Además, la forma de adquisición de información también cambió, en 2016, 65 millones tenían teléfono inteligente, en 2020, este segmento llegó a 92 millones de usuarios, es decir, los ciudadanos reciben más impactos informativos al momento. Lo anterior pareciera ser una transformación de mucho tiempo, pero en realidad es reciente. No resulta extraño que para el candidato presidencial ganador en 2018 las redes hayan sido “benditas” y para el presidente de la república de 2022 sean un espacio que tiene que regularse, es muy claro y natural que la crítica haya crecido.

En este mismo contexto, México es el país de mayor crecimiento en eCommerce Retail (AMVO 2022), superando por más de 10 puntos al promedio mundial, y colocándose entre los primeros 15 países consumidores, por encima de Francia, Alemania o Brasil. Es decir, estamos en medio de una nueva apertura comercial, que mucho tiene que ver con la ampliación de las capacidades de conectividad en nuestro país.

Este cambio socioeconómico parece estar aterrizando en el sistema electoral. Donde como lo explica Ciro Murayama, tenemos un sistema más plural que el de los años noventa y los votantes no están caminando a un sistema de partido hegemónico ni tampoco a uno bipartidista, en lo que denomina una “férrea constatación del pluralismo de la sociedad mexicana”. Un dato contundente al respecto, es que el número efectivo de partidos representados en el congreso pasó de 2.39 en 1991 a 4.82 en 2021 y la sociedad parece caminar hacia el multipartidismo, en lo que se configura como una tendencia.

Otras mediciones politológicas, como las que presentan Díaz Jiménez y León Ganatios en la Revista Mexicana de Análisis Político y Administración Pública sobre las elecciones federales de 2018 y 2021 nos están mostrando que las volatilidades electorales se han venido incrementando en las elecciones presidenciales desde 1994, y que desde el 2009 la continuidad de los partidos tradicionales (PAN, PRI, PRD) se encuentra en un decremento constante. Es cierto, con la coalición de 2021 este indicador se recuperó en términos de escaños obtenidos, sin embargo, los tradicionales sólo incrementaron su Votación Nacional Emitida en 0.2%, es decir, prácticamente fue la misma obtenida en 2018 (y en esto debemos observar el voto útil). Por tanto, si se consideran las volatilidades presidenciales y las tendencias de la última década, nada apunta a que las opciones se mantengan con una votación lineal de cara a 2024, y es hora de que se entienda por quienes hacen cuentas alegres.

Es cierto, como lo refiere Alejandro Moreno, que la elección de 2018 ha provocado un sistema bipartidista de facto, de dos bloques y un partido no alineado. Pero eso parece más algo coyuntural producto de las circunstancias sexenales, que algo de largo aliento o por lo que los mexicanos apuesten para un futuro como lo muestran los datos más estructurales de los últimos años. En contraparte, tenemos la explicación de Lorena Becerra, sobre el apetito por lo novedoso que tiene el electorado mexicano, el desgaste de los partidos tradicionales y su incapacidad para ofrecer alternativas creíbles a los votantes como se refleja en sus encuestas; esta última visión se encuentra un poco más acorde al proceso que hemos vivido durante este milenio con la llegada de las alternancias. Nuestro cambio social nos está empujando hacia otro momento de nuestra nación, está funcionando como Push, y sus factores están derivando hacia el pluralismo y hacia nuevos espacios políticos que desafían el statu quo. Esto no sólo pasa en México, pasa en el mundo.