Rafael Solano

Oposición: conclusión o desafio

DE LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

Rafael Solano*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Rafael Solano
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Rafael Solano

En el mundo occidental los partidos políticos han tenido una serie de transformaciones, México no es la excepción. Los partidos de masas tuvieron sus raíces en la sociedad industrializada del siglo XIX, con la organización comercial nacional y la urbanización, en este contexto se dio la lucha de clases. Antes de ello ya se daban los partidos de cuadros, a partir de las élites en la época predemocrática monárquica en el norte europeo donde una pequeña parte de la población tenía acceso a la participación en la vida política. Con el cambio político producido por la Segunda Guerra Mundial, se dieron los inicios de la construcción del Estado de Bienestar, el debilitamiento del lazo religioso y la individualización social; la respuesta de los partidos políticos fue caminar hacia la profesionalización electoral y la aglutinación de ciudadanos.

Y así, los partidos del mundo occidental sortearon la Guerra Fría, hasta la caída del muro de Berlín y la consolidación del neoliberalismo, que trajo mayores oportunidades, el incremento de subvenciones públicas, el crecimiento de la televisión y el cable como medio de interconexión mundial. De repente el mundo occidental tenía un acuerdo global, y con este, los partidos caminaron hacia la escasa diferenciación y la colusión, misma, que en la ciencia política se ha denominado la cartelización.

Pero esta burbuja se rompió con la Gran Recesión de 2008, la crisis migratoria, el fortalecimiento de las relaciones comerciales globales y el incremento de la comunicación on-line. Ahí comenzaron a surgir partidos desafiantes al statu-quo, algunos desde la derecha extrema, como el Frente Nacional francés, VOX español, el Tea Party (organización) en Estados Unidos; pasando por partidos neoliberales como Forza Italia, Ciudadanos en España, En Marche en Francia, el Partido de la U en Colombia; hasta partidos de izquierda como Syriza en Grecia, 5 Stelle en Italia y Podemos en España.

En México el proceso estuvo más asociado a la construcción de la democracia electoral. Con la liberalización del sistema, los principales partidos (PAN-PRI-PRD) fueron caminando progresivamente de la profesionalización electoral hacia la negociación y finalmente a la colusión, en un proceso democrático normalizado en el mundo occidental. La herramienta más pulida de ello fue “El Pacto por México”, del cual surgieron cuestionamientos sobre la forma en que se llevó a cabo su operación.

Las reformas de liberalización de algunos sectores llegaron tarde; una de ellas, la de telecomunicaciones y con ello la ampliación del mundo on-line. Lo que trajo señales previas al maremágnum electoral que vendría en 2018. Tan solo entre 2014 y 2016 el número de dispositivos móviles inteligentes se elevó en más de 40 millones de usuarios (ENDUTIH 2016). Este contexto permitió observar un inmenso “movimiento tecno social” de organización ante un evento de alto impacto como fue el sismo de 2017. Incluso en ese momento las críticas a los medios de comunicación tradicionales, hacia la corrupción y la desconexión de las autoridades con los ciudadanos emergieron con fuerza.

En 2018 se dio una elección de cambio de statu-quo, donde una fuerza política desafiante arrasó al sistema político preestablecido. Hay que recordar que el actual presidente ensalzaba las “benditas redes sociales”, con un sentido de apropiación que claramente hoy no tiene. En estos años y con la pandemia, se ha acelerado la adopción digital como nunca; hoy hay más de 70 millones de usuarios

de Smartphone en el país y el tiempo en línea se disparó de 35 minutos a más durante el día (Statista).

No es coincidencia que los movimiento sociales, políticos y electorales de mayor impacto estén gestandose en la red, como la organización de México Libre y de FRENA (WhatsApp) en 2020, los colectivos de mujeres (Twitter), o la campaña de Mariana Rodríguez (Instagram) que derivó en la gubernatura de Samuel García en 2021. No solo estamos viendo actos de propaganda, sino también de organización.

Pese a estas evidencias los partidos tradicionales, hoy opositores, se mantienen coludidos, sin dar pasos institucionales hacia el reencuentro con la sociedad. Por ejemplo, hay quien piensa que el resultado en la Ciudad de México, proviene de los partidos y que es la única opción. Para mí, es claro que proviene de una sociedad que tiene mucho tiempo organizándose con otras formas y que entendió la utilidad del voto para un fin específico, mientras los tradicionales siguen jugando con el marcador. Esto desde mi perspectiva prevalecerá, hasta que surja la fuerza desafiante que equilibre la balanza.