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Rodrigo López San Martín

La consulta: un abanico de posibilidades para AMLO

ES LA ESTRATEGIA...

Rodrigo López San Martín
Rodrigo López San Martín 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
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  • Rodrigo López San Martín

Desde tiempos de la campaña electoral de 2018, la mayor discrepancia entre Andrés Manuel López Obrador y el sector más “duro” de los militantes de Morena y sus seguidores, fue qué hacer respecto de los expresidentes.

Con la muletilla “no es mi fuerte la venganza”, López Obrador se lavaba las manos. Pero entre esos seguidores, sí existía y aún existe un ánimo de venganza, revancha o justicia muy latente.

Así, AMLO construyó la salida más fácil. Una consulta pública para “el pueblo” decida si quiere o no que los expresidentes Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto sean llevados frente a la justicia.

Para que la consulta tenga un carácter vinculante, es necesario que participe el 40% del padrón electoral, equivalente a 37 millones y medio de ciudadanos.

Hoy, se antoja difícil que ese número se alcance. La consulta no ha generado mayor interés más allá de quienes, precisamente, la impulsaron. Pero, lo que sí es muy probable, es que el resultado, más allá de la baja participación, sea contundente en favor del sí.

Esto le da al presidente un abanico muy amplio de posibilidades para aprovechar la consulta.

Si decide, por sus cálculos políticos, no iniciar acciones contra los exmandatarios, su decisión estará blindada, aún frente a los morenistas más duros, porque no se alcanzó la participación necesaria.

Si, por el contrario, en algún futuro decide que es conveniente o necesario para su Cuarta Transformación que veamos al primer expresidente de México de la era moderna frente a un juez, perfectamente podrá argumentar que la mayoría votó contundentemente por eso, aunque no se haya alcanzado el 40% de participación, lo que podría justificar por el repunte de la pandemia.

Del lado de la oposición, para demeritar este ejercicio, se han limitado a repetir el argumento de que la justicia no se consulta.

El mensaje, sin duda, ha tenido un impacto en su electorado. La mayoría de quienes votaron contra el presidente López Obrador en junio pasado lo repiten. Pero, parece, que su único interés está en la coyuntura actual y ni están preocupados por cuidar a sus exmandatarios, ni están midiendo las oportunidades que a futuro le abre la consulta a AMLO.

Durante las últimas semanas, hizo falta un mayor activismo opositor para no sólo desacreditarla, sino para marcar límites claros a su potencial a futuro.

Faltó ver a legisladores o líderes partidistas que tomaran el tema proactivamente, que solicitaran, formal y mediáticamente, a la Fiscalía General de la República una explicación de los alcances de la misma, de la prescripción de los delitos que podrían señalarse y de las limitantes a futuro en caso de no alcanzarse el 40% de participación.

Con un mejor trabajo estratégico, la consulta pudo llegar desinflada al domingo. O, al menos, dependiente en su totalidad de que más de 37 millones de ciudadanos decidieran participar.

Sin embargo, una vez más, le dejaron la puerta abierta al presidente para que siga marcando la agenda y para que decida, en solitario, que sucederá con unos resultados muy predecibles.