Rodrigo López San Martín

Febrero negro

Es la Estrategia…

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Rodrigo López San Martín

El mes de febrero no fue bueno para Andrés Manuel López Obrador. El escándalo alrededor de un posible conflicto de interés entre su hijo y un importante contratista del gobierno, lo golpeó.

Hoy, la mayoría de las encuestas ya lo reflejan. Entre 5 y 10 puntos porcentuales parece haberle costado, de entrada, esta coyuntura. Pero el costo no se reduce a eso. Lo importante, para AMLO, es lo que viene.

Si bien es cierto que el conflicto entre Rusia y Ucrania se ha robado el centro de la atención mediática y la conversación noticiosa, hoy, AMLO y su administración muestran puntos de vulnerabilidad no vistos en todo el sexenio.

Hoy, ya hay algo claro que le pesa al presidente. La casa, su hijo y su propia reacción son ya un símbolo. Más allá de que todo aquel que va a enterarse del tema ya lo ha hecho, esta situación podría acotar el discurso presidencial.

Porque para abordar cualquier nueva coyuntura, para abrir un nuevo frente contra un adversario o para presentar una nueva decisión polémica, el manual de comunicación presidencial siempre priorizó las causas de su posicionamiento antes que defender las ideas en particular: “esto que defendemos, es la transformación necesaria, porque los políticos de antes se dedicaron a llenar sus bolsillos y priorizar sus intereses particulares antes que los de la nación; quien no nos apoye, está con el pasado y la corrupción”.

Hoy el presidente ya no puede, con la misma libertad que antes, levantar el dedo para señalar al pasado corrupto y sólo con eso justificar una decisión polémica porque, más allá del resultado, él estaba impoluto. Hoy, frente a cualquier caso de corrupción que quiera recordar, la respuesta de sus adversarios será la llamada Casa Gris.

Esto puede tener un mayor costo porque AMLO sólo ha comunicado así desde su llegada al poder. Porque nunca ha defendido sus decisiones haciendo énfasis en los resultados o en algún análisis técnico. Siempre lo hizo comunicando la necesidad de cambio para romper con el pasado corrupto.

Con esto, el presidente podría haber perdido más de los 5 a 10 puntos porcentuales de aprobación. AMLO habría perdido, si la oposición se mantiene despierta, el control de la narrativa y la posibilidad de dirigir unilateralmente la agenda pública.

Si como parece en las encuestas el escándalo ha permeado y el blindaje presidencial está dañado, podríamos estar ante el primero de varios episodios en los que la imagen y reputación de AMLO pudiera estar en posición vulnerable.

Por esto, el verdadero costo de este febrero negro se verá hasta el mediano plazo. Cuando la siguiente crisis o coyuntura lleguen, y veamos si puede volver a ser el dueño de la narrativa, o si los partidos y actores políticos de oposición pueden acotarle el margen de maniobra a partir del golpe recibido estas semanas.