Jueves 22.10.2020 - 05:22

Avatar del Valeria López Vela

Valeria López Vela

Emociones políticas

ACORDES INTERNACIONALES

Valeria López Vela
Valeria López Vela
Por:

En el 2013, Martha Nussbaum publicó Emociones políticas, un interesantísimo estudio de Filosofía Práctica en el que la filósofa de Chicago argumenta que, en medio de los miedos, los resentimientos y las preocupaciones del día a día, es posible orientar los esfuerzos públicos reforzando las emociones públicas. Con esta tesis, se aleja de la idea weberiana que asumía que en las discusiones sociales habría de imponerse la fuerza del mejor argumento racional, ya fuera el beneficio, la utilidad o el placer.

Nussbaum sostiene que hay emociones prosociales como el amor, el patriotismo y la tolerancia, que impulsan y fortalecen la dinámica de las sociedades. Así, por ejemplo, hay acciones que un patriota —consciente de dicho sentimiento moral— sería incapaz de hacer a su país; por ejemplo, trabajar como espía. Más allá de los argumentos racionales —el riesgo o el ingreso—, Nussbaum piensa que las emociones —el amor a la patria— son componentes fundamentales y que, por ello, hay que tratar con la responsabilidad debida. Asimismo, hay que contener la expansión de las emociones antisociales como la envidia, el asco, la vergüenza y el miedo excesivo.

Así, piensa Nussbaum, que el logos —la razón— y el pathos —las emociones— son los dos pivotes que frenan o desencadenan la actuación pública. Para probar su afirmación, analiza los discursos de Martin Luther King, Winston Churchill, Abraham Lincoln y Franklin D. Roosevelt quienes cultivaron las emociones políticas apropiadas en sus ciudadanos, para hacer frente a las crisis correspondientes. Con ello, consiguieron la valentía, la tenacidad y el sacrificio de muchos en quienes hicieron eco las emociones correspondientes.

Si hiciéramos el mismo ejercicio con los políticos contemporáneos, mucho me temo que solamente encontraríamos descalificaciones y balbuceos de 140 caracteres, cargados de discursos de odio, descalificaciones y mentiras. Tenemos, así, el caldo de cultivo perfecto para la polarización y la violencia. Fomentar el resentimiento, la indiferencia o el rencor social es, sin duda, políticamente rentable a corto plazo y una irresponsabilidad histórica, pues la transitoriedad de los gobernantes no tiene que enfrentar las secuelas sociales que deja su gestión.

Pensemos, por ejemplo, en la deuda social que entregará la administración Trump que, desde la precampaña, utilizó las semillas del racismo, nativismo, machismo y para sembrar discursos de odio cuyas cosechas apenas alcanzamos a ver —consideremos los crecientes enfrentamientos raciales o los crímenes de odio en contra de los latinos, por ejemplo.

Trump podría terminar su gestión el próximo año, aunque uno de sus legados será la polarización social que le sobrevivirá, al menos, dos generaciones. En pocas palabras, tendremos trumpismo para rato. Por eso, hay que recordar que con las emociones no se juega: ni en público ni en privado.