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Valeria López Vela

La simulación del Informe Verdad, Justicia y Sanación de los Legionarios de Cristo

ACORDES INTERNACIONALES

Valeria López Vela
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Por:
  • Valeria López Vela

Hace dos días, se publicó el más reciente informe sobre los casos de violencia sexual en la congregación religiosa de Los Legionarios de Cristo. La novedad del reporte es que incluye los nombres de algunos de los agresores sexuales, petición hecha desde hacía tiempo por las víctimas.

Sin embargo, el reporte anual titulado “Verdad, Justicia y Sanación” tiene poca verdad, no busca la justicia y mantiene las patologías estructurales que desencadenan, protegen y perpetúan la violencia sexual. Es una simulación y una nueva revictimización para quienes han padecido por ellos.

El informe busca ser cuidadoso y correcto, tanto que olvida analizar las raíces profundas del problema y se conforma con soluciones epidérmicas que lo convierten más en un producto de manejo de crisis que en una auténtica reconversión —como ha pedido explícitamente el Papa Francisco.

El informe ignora que la violencia sexual es una forma de dominación del cuerpo, que busca la humillación y el control. Y que es el penúltimo eslabón de la cadena de la crueldad; así, el reclamo de las víctimas es por el uso del cuerpo pero, todavía más, por el ultraje a su voluntad que se manifiesta en las secuelas del razonamiento práctico y la capacidad de agencia.

Es decir, el informe operacionaliza el tratamiento de casos ignorando la fundamentación filosófica del fenómeno y de los daños causados; esto impide, naturalmente, la comprensión ética y teológica-moral del problema. Como congregación religiosa están obligados a cumplir con esas exigencias y es una omisión significativa que impide cualquier avance en la refundación espiritual.

Además, el informe olvida el elemento de la crueldad institucionalizada —que encontró su máxima expresión en los casos de violencia sexual en contra de menores de edad. Por esto, llama la atención que en todo el documento no se utilice una sola vez el concepto “caridad”, pues la normalización de la crueldad ha hecho que el mandamiento del amor sea ajeno a la óptica de la congregación.

En pocas palabras, mientras no se atisbe que tras esas conductas hay crueldad y una profunda ausencia de caridad, todas las medidas se quedarán en reacciones cosméticas y no emprenderán una verdadera reforma.

De esta forma, lo que se pide a las organizaciones religiosas con casos de violencia sexual interna es que dejen atrás la lógica de la dominación por medio de la crueldad —corporal o de la conciencia—; que “el respeto por la dignidad de la persona humana” deje de ser eslogan y se convierta en práctica.

Hoy, diez años después de la intervención de la Santa Sede, continúan sin comprender y atender el problema con profundidad intelectual ni a la luz del nuevo mandamiento. Después de leer el reporte, no creo que estén dispuestos a hacerlo.