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Valeria Villa

¿Se muere Eros?

LA VIDA DE LAS EMOCIONES

Valeria Villa
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Por:
  • Valeria Villa

A pesar de que los filósofos de la hipermodernidad ven a Eros muriendo, en la práctica clínica, el amor sigue siendo un elemento importante en lo que las personas conciben como una buena vida. Quizá ya no es tan urgente o esencial, pero no lo veo desapareciendo del horizonte humano. Transformándose sí. Hoy no se ama igual que en tiempos de Freud. Quien ha estado en pareja, suele describir esta experiencia como estar dentro de una relación. Dentro, como si se tratara de un lugar en el que se vive, que se habita. Estar dentro genera sentimientos distintos que pueden ir desde la protección y la seguridad hasta la claustrofobia. Estar dentro del territorio amoroso puede ser las dos cosas: un espacio de seguridad y alegría, y también una cárcel de la que se quiere huir a veces.

La pareja, en cualquiera de sus modalidades, se enfrenta al reto de mantener el brillo inicial de su relación, que irremediablemente se pierde. El amor, dice Alain Badiou, es un acontecimiento: un encuentro azaroso que rompe la rutina y la costumbre. Es un hecho extraordinario de la vida, que nos cambia y que se narra como un antes y un después. Al acontecimiento sigue la declaración de amor. Se apalabra el amor. Se dice te amo, te quiero, te necesito, buscando, dice Badiou, fijar el azar con el destino de la enunciación. Si el amor no se reinventa, no se vuelve a apalabrar y a renovar, cae en el pantano de la compulsión a la repetición, en el agujero del conflicto permanente, cuando aparecen todos los peros y limitaciones del otro. Sin amor, inicia la violencia en cualquiera de sus formas. Transitar del enamoramiento al amor es una tarea del yo que no siempre se logra.

La primera paridad de la pareja es entender a mujeres y hombres como sujetos y objetos de amor. A veces la mujer sigue imaginándose a sí misma como objeto de deseo, cuando, por ejemplo, se queja de que él tiene más deseo sexual que ella. Mujeres y hombres desean y son deseados o así debería ser, aunque la idea de débito conyugal sigue viva en algunas relaciones en las que es imposible decir “no tengo ganas”. Vivir más allá del estereotipo de género y habitar relaciones que tengan un margen de libertad respecto de las creencias de la familia de origen y del contexto histórico-social heteropatriarcal, sigue amenazando a muchos varones que violentan a sus parejas, porque ya no aceptan que las traten como una pertenencia más. 

Eros resplandece en una pareja capaz de movimiento y posibilidades de cambio continuo. Tánatos le gana la partida al amor cuando las parejas quedan atrapadas en el conflicto, incapaces de moverse de la posición en la que están, aunque les duela mucho ese lugar. Entonces el amor deja de ser un acontecimiento que trajo vida y se vuelve un accidente que hiere, que lastima. Hoy se les llama relaciones tóxicas, definidas más por el conflicto que por el placer, que espantan, que dan miedo, que se deterioran cada día un poco más. Que los vínculos amorosos generen dolor es inevitable. Que estén definidos por él, debería ser una señal de que hay que moverse de lugar.

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.