Valeria Villa

La peor persona del mundo (De cómo el goce no es deseo)

LA VIDA DE LAS EMOCIONES

Valeria Villa*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Valeria Villa
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Valeria Villa

La peor persona del mundo es una comedia dramática que describe cuatro años en la vida de Julie, (la actriz Renate Reinsve) una mujer de 30 años que se presenta desde el inicio como indecisa y cambiante respecto de las cosas que parece desear y luego las abandona porque se aburre: estudios, trabajos, relaciones.

Creo que la película ha sido sobrevalorada y muy exagerada la emoción que ha provocado esta creación del cineasta noruego Joachim Trier, nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera y al Mejor Guion, presentada en distintos festivales y mercedora de la Palma de Oro a la Mejor Actriz. Mi expectativa era muy alta y terminé decepcionada. Así pasa en muchos órdenes de la vida.

El deseo, entendido como el objetivo que hace que la protagonista se mueva, actúe y tome decisiones, es sustituido por una sucesión de actos impulsivos de Julie, que se liga a un caricaturista sólo porque sí, se enamora cuando él quiere terminar la relación por la diferencia de edades y de objetivos y se muda a vivir a su casa para después de un tiempo, aburrirse de su inteligencia, sentirse abrumada por su éxito y fama, y verse como un personaje secundario de su propia vida.

Julie se entrega al goce para combatir el vacío y la angustia existencial de la que nadie se salva. Incapaz de vincularse con compromiso, brinca de un lugar a otro en su vida escolar y en su vida amorosa, y parece actuar sin reflexión alguna.

La vemos corriendo por las calles de Oslo, en secuencias que son bonitas pero poco interesantes, al encuentro de un nuevo amor como si tuviera 16 años aunque tenga 30. Trier nos hace sentir la emoción que sentimos cuando una nueva ilusión se vuelve el sentido único de la vida, mientras el resto del mundo se detiene y pierde importancia.

Los millennials se pueden sentir identificados con la protagonista en su autoindulgencia, que los hace decir como si fuera una verdad suficiente, que no saben lo que quieren, que se aburren, que nunca terminan lo que empiezan, que ningún trabajo ni relación ni idea de futuro los satisface.

El planteamiento sobre el deseo de la protagonista es tal vez la reflexión más interesante de esta película, que le habla a una generación que no sabe quedarse ni construir nada que requiera demasiado esfuerzo o tiempo. Porque el calentamiento global, la guerra, el consumismo, los virus mortales, amenazan la existencia del planeta. Porque ganar dinero es cada vez más difícil, porque las relaciones ya no son lo que eran y los ideales de la familia y la maternidad están resquebrajados y entonces no saber lo que se quiere parece la única alternativa congruente.

A pesar de que el mundo ha cambiado, sigue existiendo la voluntad de elegir entre el goce momentáneo o el deseo de hacer lazos con los otros y construir con ellos, más allá del egoísmo y del narcisismo infantil que quiere la satisfacción inmediata de los impulsos: alcohol, drogas alucinógenas, tener sexo con alguien por primera vez, enamorarse, brincar de trabajo en trabajo, como algunos de los mecanismos con los que se huye de la monotonía para después regresar al vacío original.

Es muy de adolescentes de treinta y cuarenta años pensar que vendrá algo mejor, que algo distinto está por ocurrir y con esta idea, pierden oportunidades de consolidar amores, profesión y vida económica.

Madurar se trata de aceptar que la repetición, la rutina, la vida cotidiana, son la vía larga para construir caminos para el deseo. Madurar tal vez se trata de migrar de la entrega pulsional y autística del goce al compañerismo, la solidaridad y el amor como producto de la voluntad de amar. Mientras más se busca el goce, menos existen los otros y menos se experimenta el deseo.

Quizá estas reflexiones hicieron que valiera la pena ver la película, que por lo demás, es aburrida, falsamente innovadora, sentimentaloide y prescindible.