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Valeria Villa

Sobre la traición

LA VIDA DE LAS EMOCIONES

Valeria Villa
Valeria Villa
Por:

(del lat. traditio: falta que comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener)

Lealtad a la historia es un concepto que se usa con frecuencia en la sala de psicoterapia, que sintetiza varios escenarios. Ser leal a la historia es repetir el machismo o la violencia del padre. Se tiene lealtad por una relación muy larga que terminó, aunque el costo sea quedarse sin presente y sin la posibilidad de construir algo nuevo. Lealtad a la historia es no darse cuenta del enredo que parecía amor y que era un torpe intento de corregir algo interno que nadie más puede resolver. Escoger a alguien que se parezca al padre o a la madre es compulsión a la repetición, no sólo por masoquismo sino con la esperanza de cambiar la historia. Esta compulsión también se llama lealtad inconsciente. A veces somos leales, abandonándonos. Dejamos de desear, para someternos al deseo de alguien más. A veces, al principio, por enamoramiento. También por dependencia y falta de valor para aceptar que no queremos lo que el otro quiere.

En psicoanálisis se habla de traición para describir la decepción inevitable que sufre el niño cuando descubre que la madre ama a otros y otras cosas. El adolescente traiciona a los padres cuando siente vergüenza de sus expresiones de afecto frente a los amigos. La madre se siente traicionada por el hijo que necesita dejar de ser un niño y comienza a rechazarla, a cerrar la puerta de la habitación con llave. La pareja puede vivir como traición la vida laboral del otro, su grupo de amigos en el que no está incluida, sus hobbies, su necesidad de soledad y silencio. En la historia de la religión y la literatura siempre hay un antagonista que suele ser un traidor. Ese que se queda con la mujer del amigo o el que vende al Mesías por 30 monedas. La traición es inmoral, la lealtad un valor deseable. Como siempre, el diablo está en los detalles. Conservar relaciones poco saludables por lealtad es un error. Pensar siempre en el pasado cuando en el presente ya no hay nada que rescatar de un amor o amistad, atrapa y compromete la libertad del deseo auténtico. A veces no se traiciona porque la culpa al interior y la vergüenza frente a los otros sería insoportable. Ante todo, hay que parecer una buena persona.

Quizá deberíamos estar mejor preparados para aceptar que a veces no queda más remedio que traicionar a alguien para salvar el alma, si por traición entendemos el derecho inalienable de poner límites para cuidar la salud emocional, de abandonar vínculos que perdieron sentido con el paso del tiempo y que murieron de indecisión. Sentirse traidor por decidir sobre la propia vida es una tara de la educación sentimental, en una cultura regida por la culpa y por el miedo a la desaprobación social. La primera lealtad es con una. Las que siguen son elecciones que pueden ser temporales o duraderas, todo depende. La vida se va resolviendo mientras ocurre.