Día internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto

Comer de la basura
Por:
  • valeria_lopez_vela

Como cada año, el 27 de enero se conmemoró el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Por donde se piense, no es una fecha sencilla, pues nos hace releer un capítulo tenebroso de la historia reciente: el de los campos de exterminio.

La Segunda Guerra Mundial dejó en quiebra económica a varios países y en bancarrota moral a la humanidad entera; desde entonces, el trabajo de muchos ha sido nombrar y recordar los hechos para que no se vuelvan a repetir.

La literatura que crearon los sobrevivientes del Holocausto ha sido una prueba histórica excepcional de talento y de valentía; las narraciones de Jean Améry, Paul Celan, Primo Levi o Imré Kertész son más que una crónica de los hechos. En diferentes estilos, cada uno retrató la amargura y el horror de los campos con palabras a las que hicieron decir lo indecible; además, tradujeron su dolor en una dulce desesperanza que se resiste a renunciar. Años más tarde, el filósofo Theodor Adorno se preguntaría ¿es posible hacer poesía después de Auschwitz? A pesar de ésos y los horrores que han seguido, todavía muchos pensamos que sí.

El 27 de enero es un recordatorio de que la sombra del totalitarismo acecha los espacios de luz que, desde entonces, hemos tratado de construir. Cada silencio guardado frente a la injusticia materializa la posibilidad de que regresen las noches que no terminan: las de la tortura, la intolerancia, la represión. Las de los inquisidores que cazan sigilosa y cobardemente a quienes piensan distinto; las de las censores que unifican las formas de vida; las de los guardianes de la “pureza” —biológica, moral o intelectual—.

La conmemoración nos pide mirar a los ojos al mal, a las víctimas y a los perpetradores. Primero, nos recuerda el deber de nombrar las atrocidades, señalar las prácticas perversas, detectar cómo se articula la espiral de violencia que desencadena los genocidios.

La Conmemoración busca convertir a la memoria en historia y al pasado en futuro; sólo así se podrá prevenir y evitar que se repita.

En un mundo en donde la verdad importa tan poco a los políticos —Trump—; en el que los discursos de odio sonorizan las campañas electorales —Bolsonaro—; en el que la vida de algunos vale menos que la tierra —Nicaragua— es ingenuamente irresponsable guardar silencio. No son pocos los actores que quieren dar la espalda a las libertades y a los derechos; no hacer nada es bajar la frente y ofrecer una caravana al imperio de los totalitarismos. Por ello, frente a las injusticias, sólo hay algo que no debemos hacer: mirar hacia a otro lado, como si no hubiera pasado nada, como si no importara; ofrecer imparcialidad o fingir neutralidad a pesar de todo…

En el Día internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto se cruzan, nuevamente, las miradas de las víctimas y las de sus verdugos con las nuestras. Es una cita ahistórica para proyectar el mundo que deseamos.