El antisemitismo liberal

El año que fue
Por:
  • gabriel-morales

No es nuevo que dentro de las filas de la izquierda, y no sólo de la derecha, persiste el antisemitismo. Ahora con una cara diferente, el antisemitismo entre los liberales se disfraza de una crítica al Estado de Israel; y no porque no se pueda o deba criticar al gobierno israelí –esto lo puedo decir yo con tranquilidad, pues soy un crítico asiduo del gobierno de Netanyahu.

El problema es, en primer lugar, el uso de lenguaje antisemita y, más grave aún, que la crítica no es al gobierno o a las políticas israelíes, sino a la existencia misma del Estado y su población. Durante las últimas semanas, el sesgo antisemita entre liberales estadounidenses se ha convertido en un tema central en los medios. Primero, por un comentario de la congresista recién electa Ilham Omar en el que, criticando al gobierno israelí durante la última guerra en Gaza en 2014, acusó a Israel de “hipnotizar al mundo”, una referencia clara, por intención u omisión, a las teorías de la conspiración nazi que sugerían que los judíos hipnotizaban a gente para tratar de dominar el planeta. El escándalo, que pudo llegar a mayores, acabó cuando, haciendo lo que tenía que hacer, la congresista pidió una disculpa pública y se confesó ignorante de la referencia histórica, prometiendo tener más cuidado en el futuro. En el segundo caso pasó justo lo contrario. Tamika Mallory, una de las líderes del movimiento de la marcha de las mujeres, que lograra sacar a cientos de miles de personas a las calles y constituirse como una fuerte oposición al presidente Trump, puso en peligro el futuro del movimiento al negarse a disculparse públicamente por su apoyo a un antisemita. Esta es la historia, Mallory ha en repetidas ocasiones mostrado su afecto e incluso asistido a un evento de Louis Farrakhan, líder de la Nación del Islam, quien además de ser un férreo activista por los derechos de los afroamericanos, es un homófono antisemita que, entre otras curiosidades, ha comparado a los judíos con termitas y dicho que “los judíos satánicos  han llenado al mundo de veneno”. A este hombre, Tamika lo nombró en uno de sus posts de Facebook como el “mejor hombre vivo”. La respuesta inmediata y natural de Mallory debió haber sido que a pesar de su apoyo al activismo de Farrakhan en asuntos de desigualdad, condena fuertemente su antisemitismo y se deslinda definitivamente de él. No fue así. En una entrevista, la semana pasada, se negó a condenar sus declaraciones diciendo que “la condena no es su lenguaje” y días después, en otra entrevista, cuando se le preguntó si creía en el derecho de Israel a existir se negó a responder. En respuesta, miles de personas decidieron no marchar este año y decenas de organizaciones, incluido el comité demócrata, decidieron no patrocinar la marcha. Mallory debe renunciar inmediatamente al liderazgo, si es que al movimiento le queda algo de futuro; y es que debe quedar claro que en la izquierda no hay espacio para antisemitas.