El gobierno revolucionario y la educación pública

Indignación y transformación
Por:
  • guillermoh-columnista

Los gobiernos revolucionarios de la Unión Soviética, China y Cuba –por dar tres ejemplos destacados del siglo anterior– pretendieron controlar de manera absoluta la educación. Se suponía que para que una revolución triunfara debía conquistar la mente de los niños y de los jóvenes.

En México hubo un intento de llevar a cabo un programa de ese tipo.

El 20 de julio de 1934, el Jefe Máximo de la Revolución, el Gral. Plutarco Elías Calles dio el llamado “Grito de Guadalajara”. En aquella ocasión, Calles sostuvo que el siguiente paso de la Revolución mexicana era apoderarse de las conciencias de los niños y los jóvenes. El General declaró que los enemigos de la Revolución defendían la doctrina egoísta de que los niños pertenecen a la familia, pero que, en realidad, el niño pertenece a la comunidad.

El joven candidato a la presidencia de la República por el partido oficial, el Gral. Lázaro Cárdenas del Río, coincidía con su Jefe Máximo. Según Cárdenas, la educación era facultad exclusiva del Estado. Decía así: “El laicismo, que deja en libertad a los padres para inculcar en sus hijos las modalidades espirituales que mayor arraigo tienen en su hogar, prácticamente produce resultados negativos en la escuela, porque quita a ésta la posibilidad de unificar las conciencias hacia el fin por el cual viene luchando la Revolución, consistente en impartir a los hombre y los pueblos nociones claras de los conceptos racionales en que se mueve la vida, en todos los órdenes y planos de la existencia y muy particularmente en cuanto atañe a los deberes de solidaridad humana y de solidaridad de clase, que se imponen en la etapa actual de nuestra vida de relación”.

Lázaro Cárdenas rechazaba la lectura liberal del Artículo 3º Constitucional. El candidato pensaba que había que dejar atrás la tesis de que el Estado debía adoptar una posición neutral y, a fin de cuentas, indiferente, ante las creencias de los ciudadanos, y que debía tomar en la educación, como en todos los aspectos de la vida humana, una posición activa, reguladora y directriz. Ésta era su interpretación de la doctrina del Plan Sexenal del PNR, aprobado en diciembre de 1933.

“Lázaro Cárdenas rechazaba la lectura liberal del Artículo 3º constitucional. Pensaba que había que dejar atrás la tesis de que el Estado debía adoptar una posición neutral y, a fin de cuentas, indiferente, ante las creencias de los ciudadanos, y que debía tomar en la educación, como en todos los aspectos de la vida humana, una posición activa, reguladora y directriz”

[caption id="attachment_854640" align="alignnone" width="696"] El general Lázaro Cárdenas, en una imagen de archivo. Foto: Especial[/caption]

Lázaro Cárdenas afirmaba que era necesario formar un nuevo tipo de escuela y de docente. Su crítica al modelo burgués de la enseñanza superior era muy tajante. Dice: “La educación superior debe abandonar sus orientaciones en favor de las profesiones liberales, para hacerse eminentemente técnica. En cada centro industrial y al lado de cada gran factoría, una escuela técnica para los asalariados”.

La estrategia de Cárdenas no se limitaba únicamente a impulsar la educación científica y tecnológica, creando nuevas instituciones ad hoc, como fue al caso del Instituto Politécnico Nacional, sino acabar con la educación burguesa desde su raíz. No sólo la que se ofrecía a los hijos de los ricos en las instituciones privadas, sino también la que se impartía a los hijos del pueblo en instituciones públicas como la Universidad Nacional Autónoma de México. Decía así el General: “A veces se pretende capacitar a los hijos de los proletarios para que también ellos se beneficien de la cultura superior, pero entonces el problema asume aspectos trágicos; cada obrero que pasa a formar en las filas universitarias o en las de las escuelas técnicas, no es, por lo general, el líder que regresa a llevar cultura y orientación a los suyos, sino el hombre que les vuelve la espalda y se entrega sin escrúpulos a la burguesía”.

“Lázaro Cárdenas afirmaba que era necesario formar un nuevo tipo de escuela y de docente. Su crítica al modelo burgués de la enseñanza superior era muy tajante. La estrategia de Cárdenas no se limitaba únicamente a impulsar la educación científica... No sólo la que se ofrecía a los hijos de los ricos”

Desde esa perspectiva, las universidades son perniciosas, no importa que sean públicas, que sean gratuitas o que impartan educación de calidad. El régimen revolucionario debía acabar con todas ellas y crear otras instituciones educativas que fomentaran la conciencia de clase y colaboraran de manera plena con el gobierno revolucionario.

Como sabemos, el proyecto de acabar con la Universidad Nacional Autónoma de México no tuvo éxito. Un grupo de valientes estudiantes y profesores, encabezados por Don Antonio Caso, se resistió a las medidas del gobierno y logró contener su embate. La bandera que enarbolaron fue la de la libertad de cátedra.

Distinguido Dr. Enrique Graue, ¿no cree usted que el nombre de Antonio Caso debería estar inscrito con letras de oro en el muro de honor del Congreso?