Encrucijadas en el camino

Fervor botanero
Por:
  • jorgem-columnista

Escondido en el paisaje montañoso de la capital, se encuentra el laberinto del Ajusco, donde entrar y hallar la salida puede resultar divertido. En la ciudad existen otros de diferente índole en los que, una vez dentro, se viven momentos de desesperación.

Realizar gestiones burocráticas implica dar vueltas y más vueltas, perder irremediablemente el tiempo y la paciencia. Enfrentar asuntos legales es sumirse en vericuetos atiborrados de terminología incomprensible, dilaciones e injusticias. Al transitar por las intrincadas calles de la megalópolis, son altas las probabilidades de dar rodeos y extraviarse. Reclamar por malos servicios y mercancías defectuosas, en ocasiones es engorroso y las posibilidades de éxito escasas.

La megalópolis suele presentarnos situaciones laberínticas en las que es necesario armarse de aguante y buen humor, para emerger de ellas lo menos afectados posible.

[caption id="attachment_861555" align="aligncenter" width="696"] En los escenarios de la vida cotidiana aparecen distintos laberintos. Todos requieren de habilidad y pericia para sortearlos. Foto: Especial[/caption]