Es la seguridad

Pueblos sin presupuesto
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José Antonio Serrano Ortega relata en un estudio histórico denominado Los virreyes del barrio: alcaldes auxiliares y seguridad pública,1820-1840; que en 1822, un escritor anónimo se quejaba de que en la capital del Imperio mexicano “ se cometen porción de homicidios y robos, cuyas escandalosas perpetuaciones tienen compungidos los ánimos de sus habitantes, no se oye por las plazas y calles otras voces que las de asesinaron y robaron”.

196 años después, en la capital federal de la Nueva República, centro de irradiación de la Cuarta Transformación; los vecinos platican del incremento de delitos patrimoniales  y la inseguridad creciente que golpea a personas y negocios. Y sí, igual que hace casi dos siglos los ánimos están  - ¿ o siempre han estado? - afligidos.

La ciudad ha fracasado en abatir significativamente sus índices delictivos, y en cambiar la realidad social  de colonias que durante más de un siglo han estado ubicadas dentro de la geografía del delito.

Pablo Piccato, en otro estudio histórico, este rotulado Rateros: lenguaje cotidiano, reforma social y crimen, 1890-1931; señala que en el Porfirismo, el barrio de Tepito, el Mercado de la Lagunilla y el de la Merced, eran vistos como refugio de criminales de todo tipo, y cita a una guía de la ciudad publicada en 1895 y titulada México y sus alrededores. Guía para los viajeros escrita por un mexicano. Cuidado con los rateros. En la que  advertía sobre el Mercado de la Merced, que “es famoso por la cantidad de rateros que allí hay”.

El problema central y ancestral de la ciudad es la seguridad pública. La irrupción trágica y monumental de la violencia delincuencial originada por el narcotráfico, hizo estallar estados y se creyó que la antigua Tenochtitlán era un oasis en la República. Hasta que la realidad nos sacudió.

En 1999, Antonio Suárez Mcaulife, en un documento titulado DF Horizonte 2020, denunciaba la corrupción e ineficiencia del sistema de justicia , y un índice de impunidad superior al 95% de los delitos cometidos. La cifra no ha variado significativamente en el 2018.

Del 14 al 29 del mes en curso, basta con revisar titulares de primeras planas de diversos periódicos, para leer  casos que deberían estar en la nota roja, pero que salen de esa sección para  alertarnos del deterioro de la tranquilidad de los capitalinos, por la impune acción del que delinque. Solo a guisa de ejemplo: una actriz que sufre un secuestro exprés en su casa; antreros que se quejan que desde el 2014 denunciaron delitos relacionados con el narco, propusieron un plan y han sido ignorados. Y claro, el ataque a la casa del Cardenal Norberto Rivera, con la lamentable pérdida de un vida humana.

Sin embargo, la mayoría de los capitalinos si es víctima de un delito,  no tendrá la misma  atención que  los 3 casos mencionados arriba.

Es seguridad, no más programas sociales lo que necesita la ciudad.