Martes 24.11.2020 - 22:21

Euphoria (la adolescencia en la posmodernidad)

Riesgos y oportunidades de la soledad
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La cadena HBO presentó la primera temporada de la serie Euphoria, advirtiendo que la historia contenía desnudos explícitos, sexo, drogas y violencia. La serie sí es un trago amargo, sobre todo para padres con hijos adolescentes. La vida secreta de nuestros hijos podría ser un título alternativo para Euphoria, que retrata la vida de varios adolescentes, con los conflictos de identidad – amplificados, dramatizados, estilizados – que deben resolverse durante esos años de cambios intensos y de definición en la orientación sexual, académica, amorosa, amistosa y social. Sentir pertenencia es una de las preocupaciones de los jóvenes, que hoy día viven sus experiencias privadas de modo público en las redes sociales.

Para quienes todavía no tienen claro qué significa masculinidad tóxica, la serie la retrata de maravilla: actitudes violentas, – verbales, físicas o sexuales – dividir a las mujeres decentes de las que no lo son, exhibir sin consentimiento los cuerpos de mujeres que no conocen y hacer comentarios como si hablaran de un pedazo de carne y no de una persona. El origen de estas actitudes puede ser una crianza machista que le exige al joven ser fuerte, invencible, destruir a quien se interponga en su camino para lograr lo que quiere y que piensa lo femenino como un bien de consumo. “Todos los hombres tienen problemas con la ira” asumen algunas mujeres en esta serie.

Euphoria muestra a una joven inmersa en el mundo de todas las drogas imaginables como forma de automedicación, como remedio para su tristeza, para olvidar todo lo que le duele y sentirse bien un rato. Rue consume opioides, cocaína, alcohol y pastillas estimulantes que casi la matan. Intenta rehabilitarse, motivada en parte por su amor a Jules, una joven transexual de quien se enamora rápida y desaforadamente. Otras adolescentes parecen perdidas, intentando con poco éxito, vivir su sexualidad sin culpa o sin estigmatizarse a sí mismas. Algunas, porque han sido programadas desde casa para ser bellas e irresistibles y no creen tener nada que ofrecer más que su cuerpo. Kat es gorda y virgen. Resuelve el problema de la virginidad y después logra darse a sí misma el derecho a ser deseable con todo y sus kilos extra, aunque en el fondo está aterrada porque no puede creer que alguien la ame tal y como es.

Los padres pueden estar más o menos presentes en el desarrollo de sus hijos. Algunos dañan con su ausencia y otros con su presencia tóxica. Una madre alcohólica no puede orientar a una hija extraviada. La madre de una hija con problemas de adicción solo puede acompañarla en su proceso de sanación pero no puede obligarla a rehabilitarse.

Dice Fernando Savater que el sentido de la ética es hacer más intenso nuestro proyecto de libertad y no mutilarlo. Llenar de prohibiciones a los adolescentes no los hará más fuertes, estar tan cerca como lo permitan sí. Experimentar está en el territorio del juego pero no debería volverse peligroso para la integridad psíquica ni física. La curiosidad en la adolescencia es apremiante y prohibir solo incrementa el deseo. Muchos adolescentes, viven con angustia y desesperación, y no con goce, la transgresión de los límites. Idealmente, deberían llegar a esta etapa con el equipo ético esencial y con fronteras

personales claras. La impulsividad de esta etapa tiene que ver con la biología, con la crianza, con el contexto social y cultural. Escandalizarse no sirve. Esconderse de los problemas tampoco. Los adultos somos ese lugar firme que el adolescente necesita para sobrevivir. Alguien me dijo que después de ver Euforia se le quitaron las ganas de tener hijos. Tiene razón: ser padre o madre no es para todos y quien elija tenerlos debe saber que vendrán momentos muy difíciles en los que la fuerza y la claridad le corresponde a los adultos y es irrenunciable.