El pueblo contra Benjamin Netanyahu

VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

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La noche del lunes fue surreal. A las 10 de la noche, las tres encuestas de salida de los principales canales de televisión israelí le dieron la victoria a Benjamin Netanyahu en la tercera elección en menos de un año. De acuerdo con los resultados, en contra de todo pronóstico y con tres investigaciones criminales encima y un juicio pendiente, Netanyahu había conseguido, según lo que se anunció, no solamente el mayor número de mandatos en la elección, sino 60 mandatos de 120, lo que prácticamente garantizaba no sólo su victoria sino la promulgación de una ley que le permitiría no ir a juicio siempre y cuando permaneciera como primer ministro.

Solamente un mandato (es decir, un legislador) le faltaba para formar una mayoría. De inmediato empezaron las especulaciones sobre posibles parlamentarios de los partidos de centro izquierda a los que el equipo de Netanyahu, sólo minutos después de publicados los resultados, ofrecieron el cielo y el mar a cambio de traicionar a su partido y pasarse al Likud de Netanyahu.

Una hora después de las 10, Netanyahu salió con su esposa a dar su discurso triunfal, el pueblo, dijo Bibi, ha decidido. La derecha inmediatamente declaró esta victoria no sólo como una victoria política, sino como una victoria legal. Es decir, argumentaron que la victoria simbolizaba que el pueblo estaba en contra del juicio, como si el resultado electoral neutralizara el sistema judicial.

La izquierda israelí amaneció en depresión, el futuro de la democracia israelí se veía negro; y entonces, empezó el conteo real. Poco a poco se fueron contando los votos. Después de tres horas, el primer cambio: el bloque de derecha perdió un primer mandato, otorgándole asiento más a la coalición árabe. En el Likud empezaron las voces de alarma. No obstante 59 parecía aún un número manejable, era posible presionar, manipular y ofrecer ministerios a dos miembros del partido de Ganzt, el rival de Netanyahu.

Tres horas después, el golpe final. El partido ultra ortodoxo Shas perdió un asiento que pasó a las manos de Gantz. El resultado terminó siendo el opuesto. El 52 por ciento del país votó por partidos que declararon en sus campañas que no formarían coalición con Netanyahu. Sin importar que el partido de Netanyahu es el más grande en el Parlamento, Bibi no tiene los números suficientes para formar una coalición.

Espantados salieron los parlamentarios del Likud a gritar que Gantz se estaba robando las elecciones. Sin embargo, nadie en la derecha habla ya de la voluntad del pueblo. Si hace unas cuantas horas el pueblo había decidido que Netanyahu no tiene que ir a juicio, ahora el pueblo se equivoca, Gantz quiere robar las elecciones, Netanyahu merece la victoria. La hipocresía en su máxima expresión. Los próximos días serán tensos, pero los resultados fueron claros: el pueblo votó en contra de Benjamin Netanyahu.

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