¡Gracias Familia Zapata!

GENTE COMO UNO

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Mide apenas 30 x 20 centímetros, se encuentra arrinconada a la vuelta de una esquina, donde ocupa un pequeño espacio junto a otra que la dobla en tamaño y en arrojo, sin embargo sería ésta la que le hiciera tremendo honor a su nombre: La Revolución.

Es la obra del pintor chiapaneco Fabián Cháirez, que atrajo la polémica, el morbo y toda la atención sobre la exposición que la contiene en el Palacio de Bellas Artes, Emiliano. Zapata después de Zapata.

La abrumadora campaña de publicidad —que planeada hubiera costado millones de pesos—, la orquestó la airada protesta de la Familia Zapata sobre la representación del Caudillo del Sur, feminizado por el artista plástico.

En horas ya eran miles, dentro y fuera de México, los que estaban hablando de la nueva exposición del Palacio de Bellas Artes.

Viva La Revolución que armó el pequeño cuadro que en sólo 3 días impactó en más de 700 ocasiones, radio, televisión, prensa —nacional e internacional— y plataformas digitales.

Todo un suceso mediático cuyo principal motor fue, lo que siempre resulta ser el mejor ingrediente para una muestra de arte: la censura.

La familia Zapata consideró irrespetuosa y “denigrante” la pintura para su antecesor, y horas después la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas y la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos, irrumpieron violentamente en el recinto del Centro Histórico exigiendo que el cuadro fuera retirado.

¿Resultado? Creció desmedidamente la curiosidad por el cuadro y la popularidad del autor.

Miguel Fernández Félix, director del Museo de Bellas Artes intentó dialogar con los inconformes ahí presentes, invitándolos a explorar a profundidad la exposición completa, que no sólo es amplia sino ¡extraordinaria!, pero donde reina la ignorancia no gobierna la razón.

“Maricones no; gays no; eso es un asco”, gritaban los manifestantes en el recinto más importante para la cultura en nuestro país, donde caben todas las expresiones y los exponentes de arte más destacados del mundo, de todos colores, nacionalidades, religiones y preferencias sexuales.

Fabián Cháirez posa junto a su obra, el pasado 11 de diciembre. Foto: AP

Pero ahí mismo quedó claro el largo camino que aún nos queda por recorrer a los mexicanos, como una sociedad madura, abierta y tolerante.

México es mitad macho y mitad homófobo, de acuerdo al más reciente reporte de la OCDE, Society at a Glance, en su capítulo sobre las personas de la comunidad LGBT, donde nuestro país en cuanto a aceptación de la homosexualidad, apenas roza el 5 de calificación en una escala del 1 al 10.

Un solo cuadro bastó para sacar al macho homofóbico que muchos llevan dentro, incluso algunos —y sorpresivamente— de los periodistas más célebres.

Finalmente el berrinchazo con olor a naftalina terminó con la retirada de Zapata “gay” —como algunos lo bautizaron—, de la publicidad de la exposición.

Lástima porque se trata precisamente de la pintura que consiguió la popularidad de la que hoy goza la muestra, ya incluso a nivel internacional.

Lástima también porque la decisión se tomó un día después de que la secretaria de Cultura Alejandra Frausto escribiera en su cuenta de Twitter, “Ni un paso atrás en nuestros principios: 1. Inclusión 2. Diversidad y 3. Defensa de las libertades…”.

Y retirar la pintura de la publicidad en la ciudad de los derechos, sí fue dar un paso atrás, que sienta un precedente peligroso frente a un pensamiento divisorio alejado de la libertad de expresión.

A partir de esta semana, junto a la obra de Fabián Cháirez se colocará una cédula informativa con la postura de inconformidad de la familia Zapata, que seguramente lo que conseguirá es generar aún más atracción hacia la exposición.

Ya 70% del público que visita el museo, entra a ver Emiliano.Zapata después de Zapata, que esta semana tuvo que permanecer cerrada por los problemas que enfrenta la secretaria de Cultura y el INBAL, por retrasos en el pago de salarios y prestaciones de fin de año a trabajadores sindicalizados.

Resulta lamentable porque en México no ocurre muy seguido que un escándalo termine por acercar a medio mundo a una exposición de arte, y la verdad es que ésta no tiene desperdicio.

140 piezas la componen y algunas incluso mucho más escandalosas que La Revolución en términos de irreverencia y diversidad. ¡Hay que verla!

Porque si Zapata es un símbolo de la lucha por un cambio social, hagámosle entonces el homenaje, como la revolución manda.

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