Domingo 17.01.2021 - 00:23

¿Democracia sin elecciones?

Indignación y transformación
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¿Está en crisis la democracia? Podría responderse que lo que está en crisis es el modelo democrático actual, pero no la democracia misma. Una característica de ese modelo es que está fundado en un complejo sistema electoral.

Cada vez en cuando, los ciudadanos son llamados a las urnas y votan por el candidato de un partido. Esta mecánica política es la que ha generado el desencanto democrático que se siente en todo Occidente.

En su libro Contra la democracia (Planeta, 2018), Jason Brennan sostiene que debemos abandonar el principio de sufragio universal. Según Brennan, el votante ordinario sabe que su voto tiene muy poco peso –comparado con la enorme cantidad de electores–, por lo que no se siente responsable de que su voto sea plenamente racional y esté bien informado. El resultado es que las decisiones del electorado rara vez son las mejores. Están basadas en emociones, en prejuicios, en la influencia de la propaganda. Brennan propone que abandonemos el principio del sufragio universal para rescatar a la democracia. Los votantes deben ser quienes estén mejor calificados para tomar la decisión.

Una posición muy diferente es la de David van Reybrouck en su libro Contra las elecciones. ¿Cómo salvar la democracia? (Random House, 2017). A diferencia de Brennan, que defiende un tipo de meritocracia, Reybrouck piensa que el problema radica en el sistema electoral. No tenemos que votar para tener una democracia. Podemos designar a nuestros representantes de otras maneras, por ejemplo, por medio de un sorteo o de la aprobación de voluntarios que se ofrecen para ciertas tareas. El sistema democrático actual, afirma el autor, está viciado. Los partidos políticos han hecho un circo de la democracia y, peor aún, la han secuestrado de una manera que merece calificarse como anti-democrática. Los grupos de poder detrás de cada partido son quienes deciden quiénes serán los candidatos que se ofrecen al electorado, que legitimará, con su voto, una decisión tomada de antemano.

Algo que también me parece reprobable del sistema democrático actual es que reduce la democracia a un proceso competitivo en el que hay ganadores y perdedores. Quienes llegan al poder, se aferran a él a como dé lugar, y quienes están fuera del poder, buscan alcanzarlo a toda costa. Esta competencia electoral se ha convertido en una suerte de espectáculo continuo en los medios masivos y la redes sociales, en los que lo que más importa es la forma y no el fondo –quien desee profundizar sobre este tema puede consultar el libro La sociedad del espectáculo (Pre-textos, 2000) de Guy Debord–.

La democracia es un edificio en construcción. Se han caído algunos muros que no estaban bien hechos. En vez de abandonar la obra, debemos utilizar nuestro ingenio para resolver los problemas que enfrentamos; pero para ello, debemos dejar de pensar la política en términos de vencedores y perdedores.