Radicalidad y radicalismo

Indignación y transformación
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1.-Se percibe en Occidente una tendencia hacia posiciones políticas más radicales. ¿Por qué sucede esto? ¿Es algo que deba preocuparnos?

2.- Para avanzar en las respuestas conviene prestar atención a las aristas del concepto en cuestión. Para ello, conviene distinguir la radicalidad del radicalismo. Acudamos a las siguientes definiciones del diccionario:

radicalidad

1. f. Cualidad de radical (fundamental).

2. f. Cualidad de radical (extremoso, intransigente).

radicalismo

1. m. Cualidad de radical.

2. m. Doctrina que propugna la reforma total del orden político, científico, moral y religioso.

3. m. Modo extremado de tratar los asuntos.

3.- Con el agotamiento de la posmodernidad —es decir, del rechazo de las esencias, de la deconstrucción de los discursos, de la relatividad de los valores— se percibe el imperativo de una nueva radicalidad en el pensamiento, entendida como la búsqueda renovada de lo radical, es decir, de lo fundamental.

4.- Ya no queremos irnos por las ramas, queremos echar raíces. Pero no podemos conformarnos con las viejas raíces —muchas de ellas podridas—, queremos nuevas, que sean más gruesas, que lleguen más hondo, que sean asidero más firme. En eso consistiría el significado de la frase “nueva radicalidad”.

"Ante el colapso de esta concepción de la política -—que sustentó el plan global de la democracia representativa liberal— la nueva radicalidad política propugna un abandono de la ideología del centrismo. La negociación, que tiende a encontrar acuerdos en el centro, ahora se concibe como una traición a los principios"

5.- El ser humano ha quedado atrapado en redes que él mismo se ha tendido. Como si fuéramos peces en cautiverio, remolcados por poderosos buques pesqueros en alta mar, hemos perdido dominio de nosotros mismos. Ya no queremos que nos arrastren con fantasías atractivas, por no llamarlas sencillamente mentiras. Queremos estar des-enredados.

6.- Me parece que la necesidad existencial de una nueva radicalidad no está del todo desconectada del nuevo radicalismo en la política, en el doble sentido de un proyecto de reforma total del orden social, moral y religioso y —porque casi siempre van juntos— de un proyecto extremista en el escenario político.

7.- El siglo XXI ha presenciado el agotamiento de los modelos políticos predominantes en la segunda mitad del siglo XX. Estos modelos estaban fundados en una concepción de la racionalidad pública que ha quedado refutada a posteriori por los hechos históricos. Destacan los proyectos filosóficos de John Rawls y de Jurgen Habermas. A pesar de sus diferencias, ambos filósofos de la posguerra pensaban que había una manera de ponerse de acuerdo en el espacio público que fuera no sólo estrictamente racional sino moralmente virtuosa. Los extremos tenderían a encontrarse en el centro. Y este centro sería la base sobre la cual se construiría el régimen democrático de la posguerra.

[caption id="attachment_1079320" align="alignnone" width="696"] Donald Trump, presidente de EU, y Kim Jong Un, líder de Corea del Norte, en el poblado de Panmunjom, el pasado 30 de junio. Foto: AP[/caption]

8.- Ante el colapso de esta concepción de la política -—que sustentó el plan global de la democracia representativa liberal— la nueva radicalidad política propugna un abandono de la ideología del centrismo. La negociación, que tiende a encontrar acuerdos en el centro, ahora se concibe como una traición a los principios. Así como un árbol no se mueve de su lugar porque tiene raíces, ahora cada quien se planta en su posición sin aceptar componendas.

9.- El extremismo se contempla con pavor. Yo no soy tan pesimista. Puede imaginarse un extremismo que no sea negativo, destructivo u opresor sino propositivo, creador y emancipador. Ésta es la mejor manera de entender el proyecto de un nuevo radicalismo que no se reduzca al mero rechazo de lo existente, sino que se comprometa con la construcción, por medio del ejercicio del pensamiento, de un mundo mejor. Este proyecto no se podrá llevar a cabo sin una nueva radicalidad, es decir, sin una filosofía que nos rescate de las redes y nos baje de las ramas.

"El siglo XXI ha presenciado el agotamiento de los modelos políticos predominantes en la segunda mitad del siglo XX. Estos modelos estaban fundados en una concepción de la racionalidad pública que ha quedado refutada a posteriori por los hechos históricos. Destacan los proyectos filosóficos de John Rawls y de Jurgen Habermas"

10.- No soy pesimista pero tampoco estoy confiado. El peligro de que el radicalismo nos conduzca a alguna versión del fascismo es muy real. Por ello, es indispensable proponer una redefinición de lo político que permita la sobrevivencia de lo más valioso del ideal democrático. La filosofía tiene que encontrar la manera de combinar la nueva radicalidad y el nuevo radicalismo dentro de una nueva democracia que tendrá que ser —porque no podrá ser de otra manera— una democracia radical.

11.- La filosofía es ahora más necesaria que nunca. En medio de tanta palabrería y tanta imaginería vanas, la tarea del pensar se ha vuelto más difícil. La filosofía, permítaseme insistir, tendrá que ser radical, si quiere seguir siendo fiel a sí misma.