Cárceles de pesadillas

AMLO-Peña Nieto
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Por más esfuerzos, que los ha habido, las cárceles en el país, en la gran mayoría de los casos, son una extensión de la delincuencia.

Son de esos espacios donde la realidad supera por mucho a la ficción. Es una expresión común asegurar que lo más fácil es entrar a la cárcel, pero lo más difícil es sobrevivir en ella y salir de ella.

Quizá algunos penales hayan logrado crear condiciones diferentes, pero en lo general quien entra a la cárcel se somete al régimen que imponen los propios reos más que al de la autoridad.

Las bandas delincuenciales extienden su influencia y acción en los penales, y desde ahí, en muchos casos, siguen actuando. Es fácil buscar en los custodios la responsabilidad inmediata; sin embargo, ellos son parte de las presiones e intimidaciones de los delincuentes-reos.

Varios custodios, que nos han pedido el anonimato, nos dicen que al ofrecimiento de dinero se viene a menudo la presión que incluye a sus familias. A veces no les queda de otra que acatar lo que les piden porque las consecuencias llegan a ser de vida o muerte. Quien entra a la cárcel sabe que necesita pagar “cuotas” por doquier para sobrevivir.

Por más intentos que se han hecho todo ha quedado en buenas intenciones. Las estructuras están carcomidas y está claro que la corrupción, la cual evidentemente salpica, corroe a los penales.

Se han presentado muchos proyectos de especialistas, los cuales al final son sometidos por estructuras que no hay manera de cambiar, y que han creado una cadena de corrupción a la cual se enfrentan sus directores.

En la mayoría de los casos por más buenas intenciones y conocimiento que tengan las autoridades, terminan sometidas por estas cadenas. Por más que buscan transformar los penales y darles dignidad saben que difícilmente ganarán la batalla.

Hace muchos años en Tijuana la cárcel conocida como El Pueblito, además de estar riesgosamente  hacinada, era controlada en su totalidad por los reos. Es probable que muchos de ellos estuvieran más seguros y tranquilos dentro del penal que fuera de él.

Ante tanta evidencia las autoridades tomaron el penal. Al día siguiente tuvimos la oportunidad de entrar y el panorama era, al mismo tiempo que brutal, indignante. Algunos de los reos dormían en crujías amarrados a las rejas porque no había dónde acostarse.

El escándalo fue mayúsculo y por supuesto que se hicieron planes. Entre otras cosas cambiaron la ubicación del penal tratando de crear condiciones y controles diferentes. A los dos años fuimos al nuevo penal, las condiciones en esencia eran las mismas.

Este caso se replica en muchas cárceles del país. Es cuestión de ver lo que pasa en algunos penales en el norte del país para darse cuenta que el control lo ejercen, en la mayoría de los casos, los reos.

La fuga de tres importantes delincuentes del Reclusorio Sur combina todos estos elementos y ratifica que las autoridades, por más buena voluntad que puedan tener, están rebasadas.

En este caso se suma que los fugados estaban cerca de ser enviados a EU, lo que apuró al máximo su intento. Habrá que preguntarse por qué no había mayor control siendo que eran reos de alta peligrosidad, por qué estaban en el Reclusorio Sur y no en otro penal, y por qué no se tomaron otro tipo de medidas siendo que era inminente su extradición hacia EU.

Las imágenes sobre la fuga muestran una impunidad devastadora y evidencian el poder que llegan a tener algunos reos en los penales.

Lo sucedido es una vieja historia, pero lo grave es que en este prioritario tema no se avanza. La fuga evidencia el estado de las cosas y está por no perder, por ningún motivo, la cotidianidad que se vive en los penales.

RESQUICIOS.

Quien de seguro ya ganó en el Super Bowl del próximo domingo es el aguacate mexicano. Cada año las cantidades de guacamole que se consumen en EU rebasan a las del anterior. Mientras esto sucede muchos productores del “oro verde” andan sorteando la inseguridad, el robo y la exigencia del derecho de piso.