PRI-Morena, más cerca que lejos

AMLO-Peña Nieto
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El PRI sigue deambulando sin encontrar ni presente ni futuro. La elección de 2018 no solamente le propició una brutal derrota electoral y moral, sino que también le hizo perder su identidad y su relación con la sociedad.

A esto sumemos que muchos priistas por arte de magia se cambiaron de playera y hoy ya son morenistas de ocasión. Hoy se ve un partido perdido y hasta asustado. Están atemorizados por lo que el actual Gobierno sabe y puede investigar sobre algunos de sus militantes y funcionarios del gobierno pasado.

Da la impresión de que el temor se extiende al Congreso, donde los priistas toman demasiadas precauciones cuando votan, y más si lo hacen en contra de las propuestas de la abrumadora mayoría de Morena y su omnipresente líder. En broma, y en serio, se asegura que el fantasma de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) acompaña cada votación en la que el voto de los del tricolor pudiera ser decisivo.

Podría suponerse que los priistas están siendo intimidados; sin embargo, no deja de presuponerse que se puede aplicar aquello de que “el pasado los condena”; diría la sabiduría popular “tienen cola que les pisen”.

No queda claro por qué los gobernadores priistas han aceptado con singular alegría los ordenamientos del Instituto de Salud para el Bienestar, (Insabi). Fueron a Palacio Nacional y, a la vieja usanza, ofrecieron un apoyo “incondicional”, el cual fue festejado por el Presidente, también a la vieja usanza.

No se trata de que los gobernadores estén enfrentados con el mandatario; lo que no se puede pasar por alto es que fueron elegidos por una mayoría, a la cual se deben, lo que deriva en una capacidad constitucional que conlleva autonomía y libertad.

El tiempo dirá si haber aceptado que los gobiernos locales cedan la infraestructura hospitalaria, que la Federación se haga cargo de la atención, nóminas y medicamentos, y que en caso de incumplimiento, el cobro de los estados se haga de las participaciones federales, tiene sentido, hoy genera dudas.

Los gobernadores firmaron el acuerdo con ansias y el tiempo dirá si beneficia a los estados o, más bien, como se presume, estamos ante un nuevo mecanismo que va a concentrar, aún más, el poder en el Gobierno y en particular en el Presidente.

El PRI no ha hecho mucho desde las elecciones. Los gobernadores del partido han optado por entrar en los terrenos de las conveniencias con el Ejecutivo, reconociendo que no tienen mucho hacia dónde hacerse. Han optado por aceptar todo tipo de rechiflas en actos públicos, hasta que el Presidente decide que se calmen los gritos y sombrerazos.

A los gobernadores del tricolor les ha pesado profundamente no tener al partido para al menos cobijarlos. A esto hay que agregar que, a pesar de que en algunos estados la votación no fue tan abrumadora a favor de Morena, es evidente que están tocados; algunos de ellos apenas empiezan a sacar la cabeza.

Este año y el que viene se les va a aparecer otro gran problema. No tienen hacia dónde hacerse para enfrentar las elecciones en sus estados. Del tsunami nacional pueden pasar al tsunami estatal, y si esto sucediera, ellos saben bien que corren riesgo cuando empiecen a hurgar en su pasado.

Un elemento más a considerar es que quizá entre Morena y el PRI no hay tantas diferencias y los gobernadores se sienten a gusto con el Presidente y no lo ven tan lejano, a pesar de ser de todo lo que se ha dicho de su partido.

No hay indicios de que el PRI pueda ser la oposición a Morena, más bien anda en el síndrome del cerca-lejos, y por lo que se, ve está mucho más cerca que lejos.

RESQUICIOS.

El lunes en Tijuana pudimos apreciar de nuevo el valor que tienen para los migrantes las organizaciones civiles y religiosas. Al negar el INM la entrada de estas organizaciones a las estaciones migratorias, se está cometiendo un error estratégico, además de mandar una señal más de confusión.