Una caminata que no es “show”

AMLO-Peña Nieto
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No fue la mejor de las expresiones del Presidente cuando se le preguntó si recibiría a los integrantes de la “Caminata por la Verdad Justicia y Paz”.

Decir que no se presta a un “show” es de alguna otra manera descalificar y señalar a un grupo de ciudadanos que siguen sin encontrar justicia y condiciones favorables de vida. Lo menos que se puede pedir en función de lo que han pasado muchos de los integrantes de la caminata es respeto, solidaridad y sobre todo el ser escuchados.

Es un acto de generosidad y es colocarse de lado de quienes a lo largo de los años han sido víctimas de la violencia que impera en el país; bien cabe aquello de que “entre más poderoso más generoso”.

Si alguien conoce el sentido que tienen este tipo de protestas es el propio Presidente. Él vivió en carne propia el desdén y desprecio de las autoridades. López Obrador entendió que la calle, las carreteras y las marchas eran y son un elemento para llamar la atención, para la protesta, para buscar ser escuchados y particularmente para atrapar la atención de la opinión pública; de alguna otra forma está bien invitar a la reflexión y al debate.

Han cambiado muchas cosas desde que el tabasqueño se manifestaba, tomaba pozos petroleros, cerraba carreteras o tomaba las principales avenidas de la Ciudad de México. Podría cuestionarse el método, pero en la gran mayoría de los casos había razones de peso para la protesta.

No se puede soslayar que la injusticia y la adversidad son un común denominador en el país, con todo y la transformación que en diferentes áreas se han conseguido.

Un Gobierno tan contundentemente legitimado como el de López Obrador, suponemos que sabe bien que su llegada no cambia las cosas en automático.

Además de que la vida del país sigue en muchas de sus áreas atrofiada, se suma que la estrategia en materia de seguridad ha sido hasta ahora fallida y no se alcanza a apreciar por ahora un cambio que permita ver condiciones diferentes, las cuales el Gobierno prometió en el corto plazo.

La vida del país no empieza y termina en el sexenio. Las innumerables referencias críticas del Presidente al pasado y las muchas dificultades para revertirlo tienen que ver con la caminata.

La lógica lleva a pensar que debiera existir una empatía entre una causa como la que representa la caminata y el pensamiento e historial del presidente. Se supondría que son aliados naturales y que más que estar confrontados deberían estar bajo la misma dinámica y con objetivos similares.

Quienes integran la caminata tienen un común denominador. Han perdido familiares, han sido atacados de manera brutal, han vivido en carne propia la violencia y con todo que en algunos casos han sido escuchados no se les ha hecho justicia.

En un país como el nuestro, por principio, una caminata como la que transita por la carretera Cuernavaca-México merece solidaridad, respeto y ser recibida por el Presidente.

No es un “show” y quien mejor debiera saberlo es el Presidente. Cuando recorrió carreteras y calles muchos pensaron lo mismo de la caminata a la que no quiere recibir por no  prestarse al “show”.

Cuando el hoy Presidente ejercía este derecho debió merecer todo el respecto y la atención de la autoridad, la cual en muy pocas ocasiones se ofreció actuando desde el uso del poder con desdén y sin la más mínima sensibilidad.

Como suele suceder con caminatas como la que está en curso, muchas veces no importa el número de sus integrantes, la clave está en lo que significan y lo que se quiere expresar a la autoridad y a la sociedad mexicana.

No es tarde para que López Obrador recule y además para que recuerde su pasado y entienda a quienes con una caminata más que confrontarlo quieren su solidaridad y ser escuchados.

“Entre más poderoso más generoso”.

RESQUICIOS

Niños armados, niños sin medicinas en contra del cáncer, niños de la calle, niños sicarios, niños metidos en prostitución, niños usados y abusados sexualmente, niños….