Martes 26.01.2021 - 21:27

El legado del Vergarato

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Una pena. Jorge Vergara Madrigal se marchó de este mundo a los 64 años. Para efectos futbolísticos murió el dueño que se apropió de las Chivas en el 2002.

No se pueden discutir sus méritos, y en estos momentos es fácil describirlos. Vergara Madrigal fue un empresario tapatío controversial, polémico por naturaleza, innovador y a su manera revolucionario. Un hombre que supo hacer fortuna desde muy abajo, que solía ser un gran negociador, un magnífico  vendedor de ilusiones con distintas marcas, y un directivo que asumió un rol protagónico en la Liga MX aun sin mostrar verdadera pericia en la materia.

Llegó al mando de Guadalajara con promesas imposibles de cumplir y en efecto, la mayoría no pudo cumplirlas. Habló de forjar un nuevo “campeonísimo” y apenas pudo juntar dos títulos de Liga, uno en 2006 y el otro hasta 2017; prometió contratar al mejor entrenador del mundo y lo más cerca que estuvo de eso fue cuando logró que Cruyff le mandara un chalán de pobre prestigio; en efecto limpió el uniforme de las Chivas de publicidad, pero sólo momentáneamente para vender luego a mejor precio la marca.

El nuevo estadio ha sido sin duda su mayor legado, escenario que ciertamente fue todo un dolor de cabeza, por la deuda que le generó y por lo difícil que resultó a la tradicional afición de Chivas acostumbrarse a un escenario tan lejano y con vías de acceso tan limitadas.

Lo que iba a ser llamado Estadio JVC, por siglas del nombre de su padre, Jorge Vergara Cabrera, hoy es un modernísimo recinto sin identidad propia cuyo nombre cambia, fue Estadio Omnilife, luego “de las Chivas”, ahora Akron, mañana quien sabe.

Las Chivas en su mandato recuperaron protagonismo, comenzaron realizando un gran trabajo de fuerzas básicas, supieron colocar a muchos de sus jugadores en el futbol europeo. Pero todo eso se fue diluyendo ante los vaivenes de un equipo que se acostumbró a ver pasar un desfile interminable de directores deportivos, modelos de trabajo, entrenadores y jugadores; tanto desorden generó un evidente caos interno, que también se tradujo en malos resultados. Chivas empezó a tener problemas de descenso.

Vergara no supo delegar a tiempo, ni respetar los roles de sus subordinados, y su gestión empezó a hacer menos ruido y más daño. Su impericia futbolística fue evidente y problemas financieros familiares fueron retratándose en el armado del equipo; pifias notables como esas fallidas Chivas-USA en la MLS, la contratación de Eriksson  en el TRI, o ese sueño guajiro de Chivas-TV, tampoco le ayudaron.

Pero el hombre lo intentó siempre y no se bajó del barco, pese a que muchos pensábamos que lo mejor que le podía pasar a Chivas era cambiar de dueño, y que eso también hubiera sido bueno hasta para un desgastado Jorge Vergara, cuya salud en deterioro le hizo apartarse de los primeros planos que tanto le gustaban.

También hay que agradecer la aparición de tipos diferentes como Vergara, que le ponen pasión a la vida, que no pasan desapercibidos nunca, que van de frente y no se quitan. A Chivas le hizo mucho bien en su momento, aunque en el balance final las cuentas no sean tan positivas.

Lo que suceda ahora tras su muerte con el Guadalajara, también será clave para valorar mejor o peor su sitio en la historia de las Chivas.