Jorge Luis Borges y el tango

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Circula en librerías un libro colmado de nostalgias y curiosidades: El tango. Cuatro conferencias (Lumen, 2017), del poeta, narrador y ensayista Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 – Ginebra, 1986). Grabaciones perdidas, que en 2002 el político vasco José Manuel Goikoetxea le regala en cuatro casetes al novelista español Bernardo Atxaga, quien escucha el material, lo digitaliza y, con la asesoría de Edwin Williamson, autor de Borges: una vida (2007), revisa y confronta la posible autenticidad de la voz de Borges.

Dos años después, Atxaga pasa el material grabado a Cesar Antonio Molina, director de la Casa del Lector de Madrid, y éste a su vez le informa a Maria Kodama, quien desconocía la existencia de tales cintas con la voz de su marido. La viuda del poeta confirma la legitimidad de los registros: ronda editorial que hizo posible la impresión de las cuatro conferencias.

El tango: dos ediciones en Argentina (2016), y primera aparición en México,  sello Lumen de Penguin Random House, julio de 2017. Todo parte de la investigación que hace Borges en 1929 sobre el poeta Evaristo Carriego, la cual desemboca en una significativa exposición sobre el mundo del tango: “Hacia 1929, yo aproveché el segundo Premio Municipal de Literatura […] para dedicar un año al ocio; es decir, a escribir un libro para mí.  Este libro fue un estudio sobre mi antiguo vecino de Palermo, el poeta Evaristo Carriego. Naturalmente, el tema de Carriego me llevó al tema del tango, y empecé a investigar”, explica el autor de El Aleph.

“Los orígenes del tango”, “De compadritos y guapos”, “Evolución y expansión”, “El alma argentina”: cuatro disertaciones en las cuales el ensayista bonaerense, con elocuencia, ingenio y humor,  recupera y recrea las clandestinidades del  Sur del mítico barrio de Palermo arrendado de ‘compadritos’, guapos (pendencieros, belicosos, buscapleitos), ‘patoteros’ (sujetos de comportamiento delictivo o violento), ‘casas de vicio’ y milongas. “El Sur es una suerte de corazón secreto de Buenos Aires; podríamos decir: aquí, en el Sur, está Buenos Aires”, acota Borges.

El lector tiene en sus manos un dictado de interrogaciones especulativas sobre ese “pensamiento triste que se baila”: el tango. Mitologías del Rio de la Plata, cifras del bandoneón, guitarra, piano, violín y contrabajo en prosodia que tiene sus raíces en la Habanera cubana, la milonga (quimbunda), la payada, el vals y la polka; lírica de una modalidad  en que la “secta del cuchillo y el coraje” acuñan imágenes de violenta tregua en los acuerdos de las miradas y los gestos impulsivos: “Una mitología de puñales / lentamente se anula en el olvido; / una canción de gesta se ha perdido / en sórdidas noticias policiales”. (Estrofa del poema “El tango”).

Transcripciones que develan a un Borges jocoso y erudito en alocuciones sobre un arrendo musical que le encantaba secretamente en amoroso sortilegio, presente en muchos de sus poemas. El autor de Fervor de Buenos Aires, en una conversación en que el tango es “un símbolo de la felicidad”, como él mismo lo subraya. Ramblas y pasaderas de una concordancia de exuberante propensión romántica. La pareja que  baila  sigue siempre “un ritmo de pasión y de bravura”.

Ficha

El tango

Autor: Jorge Luis Borges

Género: Ensayo

Editorial: Lumen, 2017