La amenaza de Trump y lo que está en juego

Enfrentarse a la crisis
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En abril de 2019, el Departamento de Comercio de Estados Unidos difundió sus estadísticas bimestrales, en las que el intercambio con México había sido tan grande que representó 15% del total del comercio estadounidense, por arriba del 14.2% con China, lo que nos colocaba por primera vez como su principal socio comercial.

Después de la firma del Tratado de Libre Comercio, los intercambios entre nuestras economías han crecido considerablemente: mientras en 1993 Estados Unidos nos exportó 41 mil millones de dólares y nosotros le vendimos 39 mil millones de dólares, en 2018 nuestras importaciones desde ese lado de la frontera ascendieron a 265 mil millones de dólares y nuestras exportaciones llegaron a 346 mil millones. El déficit comercial para Estados Unidos del comercio con nosotros ha pasado de 1.7 mil millones a 81.5 mil millones de dólares (de aquí proviene la cifra que Donald Trump constantemente repite sobre un déficit comercial de casi 100 mil millones de dólares), pero esto deja de lado que los intercambios entre ambos países se han multiplicado casi por 10.

A pesar de que ellos nos compran más bienes y servicios de los que nosotros adquirimos, la integración de nuestras economías ha permitido que la región norteamericana siga siendo competitiva ante el resto del mundo. Así, por ejemplo, aunque un auto sea ensamblado en México, hasta 70% de sus partes pueden provenir de Estados Unidos y en el proceso de fabricación, una autoparte promedio acumula ocho cruces entre las fronteras del área del TLCAN antes de terminar ensamblada, por lo que en cada cruce se aprovechan las ventajas comparativas de cada país para disminuir los costos al máximo posible. Creer que un déficit con nosotros implica una pérdida estadounidense significa no entender la dinámica de la economía global.

A pesar de ello, el discurso proteccionista de Donald Trump ha difundido que el déficit comercial implica una situación en la que nosotros nos estamos aprovechando descaradamente, mientras ellos pierden. Esto explica el intempestivo anuncio de la semana pasada, en el que Trump declaró que a partir del 10 de junio todas las importaciones mexicanas tendrían un impuesto de 5%, que podría subir hasta 25% si la inmigración ilegal hacia Estados Unidos no era detenida. Esto sucede al mismo tiempo que México ha triplicado los números de centroamericanos detenidos y deportados de vuelta a sus países, por lo que también tiene sentido la declaración del gobierno norteamericano de que la evaluación de la situación migratoria para eliminar los aranceles sería a su “discreción y criterio”.

Más que tratarse de una medida producto del interés económico o de seguridad nacional basada en evidencia, el anuncio de Trump se lanza como un discurso hecho para su base electoral. La misión mexicana en Washington, entonces, es de lo más complicada. Más porque nosotros tenemos mucho en juego: un poco más de 37% de nuestro PIB depende de las exportaciones, mientras que 80% de las mismas tiene por destino los Estados Unidos. De materializarse la amenaza de Trump, las consecuencias económicas serían desastrosas. Mucho está en juego en los próximos días.