La caravana del miedo

VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

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mí lo que me sorprende es que les sorprenda. Y no porque la xenofobia y el miedo al otro no sean un fenómeno universal, que lo son, sino porque la sociedad mexicana es, a pesar de que muchos lo quieran negar, profundamente racista.

En un país donde tu color de piel influye en tus prospectos de empleo; en donde las revistas de sociales y la televisión muestran sólo caras blancas; en donde la palabra indígena es, para muchos, un insulto; en un país con enormes brechas entre el sur (mayoritariamente indígena) y el norte; en donde la gente habla de “mejorar la raza”; en donde tu color de piel puede determinar si entras o no a un antro de moda, parece hasta natural que el siguiente paso sea el odio hacia el migrante. Este odio, como en la mayoría de los casos es irracional.

Y es que la llegada de 4000 migrantes a un país de 120 millones de personas no afecta las oportunidades de empleo de nadie, como tampoco lo hacen los millones de mexicanos en Estados Unidos que, en su mayoría, toman puestos de servicios y agricultura que de otra forma no se podrían llenar. Lo que importa no es la realidad, sino la ficción; una ficción en donde el migrante se convierte en el chivo expiatorio de enormes problemas (desempleo, inseguridad) con los que nada tiene que ver y cuya salida del país no va a solucionar. El migrante se convierte además en una manera de derivar satisfacción personal; mientras en Estados Unidos “somos menos”, en frente de una población aún más pobre, aún más desprotegida, “somos más”. Los insultos son casi una copia: ladrones, violadores, “mandan lo peor”.

El mundo vive una situación de crisis económica profunda desde el 2008 que, aunada a la violencia, ha derivado en una ola migratoria sin precedentes. Mientras que la mayor parte de los migrantes hace una década eran migrantes económicos, hoy en día, los migrantes huyen no sólo de la pobreza, sino para salvar sus vidas.

Honduras y Siria parecerán dos mundos distintos, pero en realidad el sufrimiento es similar; y es que no importa si son las milicias o las maras, cuando tu supervivencia esta en juego no queda más que migrar. A pesar de que no me sorprenden las respuestas, eso no implica que no me entristezcan.

La única manera de crear un cambio profundo, sin embargo, no es a través de quejas y lamentos en las redes sociales, sino con un programa del gobierno mexicano de absorción, ubicación y empleo de los migrantes.

Un programa que muestre a todo el país que no se trata de un juego suma cero, en donde si los migrantes ganan perdemos nosotros; un programa que muestre que es posible dar una solución humana y eficaz. Y es que si alguien tiene que dar el ejemplo es sin duda nuestro país.

Gabriel Morales Sod

Gabriel Morales Sod

Gabriel Morales Sod es licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y candidato a doctor en Sociología por la Universidad de Nueva York. Escribe sobre Medio Oriente, política estadounidense y política internacional.
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