Viernes 27.11.2020 - 02:49

La crisis infinita de Argentina

Enfrentarse a la crisis
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Argentina es un país único en el mundo. Por décadas no han parado de salir de una crisis para entrar inmediatamente a otra. Sin importar si se trata de periodos dominados por el peronismo, por los militares o por cualquier otra fuerza política, Argentina ha permanecido en una constante crisis en la que, por ejemplo, la tasa de inflación promedio del último siglo ha sido de 105% anual.

Ninguno de los gobiernos argentinos de las últimas décadas ha sido capaz de implementar una solución real a estos problemas y, en el mejor de los casos, han logrado atemperarlos de manera momentánea, intentando controles de precios, alzas de salarios o incrementos del gasto público, que siempre han terminado volando por los aires más adelante, alimentando la crisis aparentemente interminable del país austral.

Mauricio Macri llegó al poder en 2015 ofreciendo un cambio profundo y disciplina financiera para responder a la tragedia económica y política que había sido el kirchnerismo. Sin embargo, a la vuelta de los años el tipo de cambio se ha ido al cielo (el dólar se compraba en 16 pesos argentinos al inicio de su mandato y ahora ronda los 60), la inflación de este año estará alrededor de 54%, la economía se encuentra en recesión y una tercera parte de los argentinos viven en la pobreza. En este escenario, la popularidad del presidente se ha ido al suelo y, paradójicamente, quien ha capitalizado la tragedia actual es la responsable de la tragedia anterior: Cristina Fernández de Kirchner.

En abril de 2019, una encuesta puso de cabeza a Argentina cuando mostró que, si en ese momento se realizarán unas elecciones entre Krichner y Macri, la primera podría ganar por 9 puntos. A partir de ese momento comenzó una efervescencia política que acabó en mayo, cuando, en un hecho político muy inusual, la candidata a vicepresidenta anunció que ya había escogido a quién sería el candidato a presidente. Cristina dijo: “le he pedido a Alberto Fernández que encabece la fórmula que integraremos juntos, él como candidato a presidente y yo como candidata a vice”.

Esa fórmula, que apostó a unir la popularidad de Kirchner con la moderación de Alberto Fernández (no hay que olvidar que fue un férreo crítico que incluso en 2015 dijo abiertamente que “en el último mandato de Cristina es dificilísimo encontrar algo virtuoso”), resultó ser muy potente y, en las elecciones primarias de la semana pasada (que en realidad fueron una especie de simulacro de los comicios de final de año porque todos los partidos presentaron un solo candidato) quedaron 15.02 puntos por arriba de la fórmula con la que Macri busca reelegirse.

Aterrado por el posible regreso del kirchnerismo, así como por la terrible reacción económica que hundió más al peso, elevó el costo de la deuda y tiró a la Bolsa, Macri reaccionó con un agresivo programa sacado del manual del populismo de sus opositores y que eliminará impuestos, congelará precios y ofrecerá mayores programas sociales (sin que quede nada claro cómo va a pagarse eso), abriendo la puerta a otra iteración más de la crisis argentina infinita.