Martes 24.11.2020 - 14:38

La deshumanización de los palestinos

El año que fue
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Viviendo en Israel por ya varios años, no me faltan ejemplos de la deshumanización de los palestinos en la prensa, el discurso político y las redes sociales.

La derecha mesiánica, un grupo pequeño pero poderosísimo, cuyo objetivo último es la conquista de todo el territorio que va del Mediterráneo al Mar Muerto, ha logrado secuestrar a los últimos tres gobiernos y girar el discurso político agresivamente hacia la derecha, desencadenando una competencia entre los partidos de centro y centro derecha, e incluso, muchas veces de izquierda, por ver quién es el más extremo.

Sin embargo, la deshumanización de los palestinos no se limita a la derecha israelí e internacional, sino que recorre todo el espectro político hasta llegar a la izquierda internacional, aquélla que se proclama como “pro Palestina”. Cuando uso el término “deshumanizar” me refiero al acto de convertir a una persona en una especie de ente no humano; los humanos, por definición, son seres complejos de morales distintas, animales con capacidad de sentir el dolor ajeno e infringir dolor, a veces en paralelo.

Los matices, las fallas, los bemoles, las áreas grises, los cambios de humor y comportamientos son características puramente humanas. Cualquier caracterización que no tome en cuenta estos elementos básicos se puede definir como un acto de deshumanización. Para muchos en la derecha internacional y en el público israelí, azotado por años de ataques y guerras, los palestinos se reducen al estereotipo del terrorista. Pensar que todo individuo, por el hecho de ser palestino, es un terrorista es claramente un acto de deshumanización. La caracterización opuesta, sin embargo, está fungiendo el mismo objetivo.

Esta semana, en respuesta a la negativa de Netanyahu de dejar entrar a dos congresistas estadounidenses a Israel, la legisladora Ilham Omar volvió viral una serie de tuits en los que personas hablaban de sus abuelas palestinas. En todos los tuits, las abuelas, tías, mamás y jóvenes palestinos de los que se hablaba eran revestidos de santos. Fotos con árboles de olivo, historias sobre su bondad y su sufrimiento estoico. El palestino, como el prototipo del héroe moderno de la izquierda internacional.

El problema no es que no sea verdad que estas personas sufran o planten olivos; el problema es que además de esto los palestinos, como todos los humanos, son seres con fallas, con matices, que cometen errores y causan sufrimiento innecesario. Así como un israelí puede ser un colono mesiánico o un activista de la paz, un palestino puede ser una abuela generosa o el líder de una milicia pequeña que se encarga de tirar a homosexuales del techo de edificios en Gaza.

Ni todos los palestinos son terroristas, de hecho, sólo una pequeñísima minoría lo es; ni todos son héroes liberadores, de hecho, sólo una pequeñísima minoría lo es. Esta tendencia de la izquierda internacional, de dar un aura de héroes a una minoría oprimida, que empezara durante la época de las independencias en África, en la década de 1960, despersonaliza y convierte a los palestinos en un objeto; esta posición condescendiente, que es incapaz de ver matices, contribuye a una polarización, basada en un romanticismo imaginario, que al ignorar los errores y fallas del lado palestino omite una crítica que es esencial para sentar las bases del camino hacia

la paz.