La rueda, el muro y la simpleza

Enfrentarse a la crisis
Por:
  • leonardo-nunez

Un problema de política pública difícilmente puede ser atacado con una sola acción, una bala de plata, que elimine las dificultades de tajo y felizmente arregle una situación.

Por el contrario, un análisis sofisticado necesariamente lleva a comprender la multiplicidad de factores involucrados y la necesidad de crear estrategias más complejas que traten de incidir y contemplar las diferentes causas, así como la previsión de resultados indeseables.

Sin embargo, para los personajes con tendencias autocráticas o dictatoriales, la mayor parte de los problemas tienen soluciones sencillas o responsables plenamente identificados que pueden resumirse en un par de frases y que sólo requieren de su voluntad para convertirse en acción. Uno de los casos recientes más paradigmáticos ha sido el grito de guerra de Donald Trump para atender el fenómeno migratorio en Estados Unidos: “para resolver todos nuestros problemas, construyamos un muro”.

Desde el nacimiento de esta idea era evidente que su origen se encontraba en un primitivismo argumentativo severo y en una gran cantidad de prejuicios. Pero lo que resulta increíble es que aún después de 2 años en el gobierno, Donald Trump ha mantenido al muro como una idea que quiere ejecutar a toda costa y defendiéndola con la misma simpleza que podría hacer un infante. Debo confesar que para mí fue una sorpresa escuchar el mensaje que dio la semana pasada en Mc

Allen, Texas, cuando se presentó a una mesa para argumentar la idea de la construcción del muro fronterizo y dijo:

“Dicen que un muro es medieval, bueno, también lo es una rueda. La rueda es más vieja que los muros. He visto todos los autos, incluso los más caros que usa el Servicio Secreto, y créeme que son caros. Me dije, ¿todos tienen ruedas? Sí. ¡Oh, pensé que eso era medieval! La rueda es más antigua que el muro, ¿lo sabían? Y hay algunas cosas medievales que funcionan. ¿Saben que? Una rueda funciona y un muro funciona”.

Más allá del error histórico, lo que resulta increíble es la simpleza de los términos en la boca del presidente que ha llevado al cierre de gobierno más largo en la historia de los Estados Unidos y a que más de 800 mil empleados públicos no recibieran su salario debido a que están en descanso forzoso o son obligados a laborar sin derecho a pago hasta que se resuelva la negociación presupuestal. Y como los demócratas, en control de la Cámara de Representantes, no están dispuestos a financiar una idea tan disparatada, el presidente Trump incluso ha coqueteado durante los últimos días con la posibilidad de declarar una emergencia nacional, lo que le daría la posibilidad de ejercer facultades extraordinarias, y conseguir los fondos necesarios sin la necesidad de la aprobación legislativa.

Esta opción probablemente podría ser detenida por el Poder Judicial, pero el hecho de que se esté dando esta discusión muestra los límites hasta los que puede llegar un sistema político cuando tiene que lidiar con un líder incapaz de pensar en renunciar a sus propuestas o visiones, por más absurdas e ilógicas que sean. La simpleza tiene sus trampas.