Las matemáticas y la democracia

Indignación y transformación
Por:
  • guillermoh-columnista

La noticia es de la semana anterior, pero su significado todavía merece examinarse. El doctor José Antonio Meade publicó unas cuentas que llegaban al resultado de que el costo de cancelar el aeropuerto de Texcoco será más alto de lo anunciado por el gobierno del licenciado López Obrador.

El ingeniero Jiménez Espriú le contestó al doctor Meade con esta frase: “Las cuentas alegres de un hombre triste”. No dijo más, ni una sola objeción a los datos manejados ni una sola crítica al razonamiento implícito ni una sola revisión de los números o de las operaciones efectuadas.

Preocupa que un ingeniero mecánico electricista egresado de la Escuela de Ingeniería de la UNAM, profesor y ex director de esa benemérita Facultad, desprecie así un intento de explicar la realidad social con los recursos de las matemáticas.

Las sumas y las restas no son alegres o tristes sino exactas o inexactas. Si son exactas, sirven para comprender la realidad y, por lo mismo, para transformarla en nuestro beneficio. Si son inexactas, nos mantienen en la ignorancia y en la esclavitud.

México no podrá entrar en la llamada “cuarta transformación” si no hace bien las cuentas. Si el nuevo régimen desprecia el rigor de las matemáticas en sus tareas de planeación se estará condenando al fracaso.

Para explicarme mejor usaré el formato de los problemas que ponen a los niños en la escuela.

He aquí el ejercicio: una persona X contrata a un ingeniero Y para que  construya una obra Z. X le pide a Y que, por medio de cuentas exactas, le diga cuánto va a costar Z, cuánto tiempo va a tardar la obra y cuántos años durará en pie una vez levantada.

El ejercicio no es de matemáticas nivel primaria, sino de civismo nivel primaria.

X tiene derecho de exigirle a Y que le diga toda la verdad acerca de Z. X merece tener certeza de los costos, duración y resistencia de la obra que va a pagar.

La variable “X” representa al pueblo de México, “Y” al ingeniero Jiménez Espriú y “Z” al nuevo aeropuerto.

Los mexicanos queremos que los servidores públicos nos digan la verdad. Lo que exigimos a los funcionarios del nuevo gobierno y, en particular al ingeniero Jiménez Espriú, es que nos den cuentas bien hechas, exactas, transparentes.

El desprecio del ingeniero Jiménez Espriú por el uso de las matemáticas en la discusión pública no sólo es una ofensa a su noble profesión y un insulto a sus maestros, alumnos y colegas universitarios, sino que es una peligrosa afrenta a la democracia mexicana.

La democracia no puede florecer si no cultivamos los métodos para llegar a la verdad.

Sin matemáticas al alcance de todos, no hay democracia.

No tengo la menor duda de que  el ingeniero Jiménez Espriú sabe muchas matemáticas, pero dudo que sepa qué es la democracia.