Argentina y el peronismo

Enfrentarse a la crisis
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La tesis de Yuval Noah sobre qué es lo que define al homo sapiens como especie es que nuestra capacidad para creer en cosas que no existen es única. Sólo el ser humano puede articular sociedades multitudinarias y esfuerzos colaborativos a nivel global alrededor de creencias compartidas en cosas imaginarias, como la religión, el dinero, el Estado o hasta la idea misma de derechos humanos.

La política y la sociedad argentina, por ejemplo, han gravitado durante más de siete décadas alrededor de una construcción de esta naturaleza: el peronismo. Creado a partir del intenso periodo populista de los años 40 y 50 del general Juan Domingo Perón y su esposa, Evita, el peronismo se convirtió en un mito alrededor del cual los agravios de las clases sociales desposeídas y marginadas encontraron un eco, al mismo tiempo que dieron cuerpo a un movimiento político de fuerza extraordinaria. Incluso por décadas en la política argentina se repitió que era una ley de hierro que el peronismo no podía ser derrotado en las urnas y que la única forma vencerlo era arrebatándole el poder a la mala, como hicieron los militares y su dictadura.

Anclado en una idea abstracta de un movimiento con orígenes populares, el peronismo se convirtió en lo que los políticos de cada época quisieran hacer de él para sus fines. Así, lo mismo el peronismo pudo acomodar a la ortodoxia de derecha del presidente Carlos Menem, cercana a las políticas de la época de Reagan y Thatcher, que a la izquierda radical de los Kirchner, más parecida al socialismo del siglo XXI bolivariano. Mientras se juegue a arrogarse el verdadero espíritu de Perón, cualquier cosa es posible dentro de este grupo político.

El peronismo demostró no ser imbatible en las urnas, pero sigue siendo la clave en la que la política argentina se lee y se desarrolla. A Macri, por ejemplo, se le reconoce que será el primer presidente no peronista contemporáneo que logrará concluir el periodo para el que fue electo —todos los presidentes no peronistas previos acabaron sucumbiendo ante la convulsa situación argentina de crisis sin fin, como Alfonsín o De la Rúa que, en el extremo, tuvo que abandonar la Casa Rosada en un helicóptero para huir de las protestas multitudinarias—.

Harto del desastre económico y político, así como de la corrupción desbordada, durante los dos periodos de Cristina Fernández de Kirchner, el electorado argentino decidió darle una oportunidad a una fuerza diferente, encabezada por Mauricio Macri. Sin embargo, ante la imposibilidad de resolver las múltiples crisis que les fueron heredadas (más las que ellos mismos crearon), el peronismo regresó al poder, incluso con la desfachatez de que la expresidenta regresa al poder, aunque como vicepresidenta. Sin importar si muchas de las tragedias de Argentina han sido producto del propio peronismo, la ausencia de cualquier fuerza política que le compita con un discurso de su calibre ha hecho que el peronismo siga en la escena, prometiendo que, ahora sí, ellos van a resolver los problemas. Sin duda los humanos creemos en fantasías.