Controlar el Internet

Enfrentarse a la crisis
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El funcionamiento de la conexión a Internet en nuestros teléfonos, computadoras y otros dispositivos es algo que damos por sentado.

Desde la posibilidad de sentarse a ver una serie sin dificultades, pasando por la capacidad de informarse prácticamente en tiempo real sobre un acontecimiento y llegando al espacio de absoluta libertad de expresión en nuestras redes sociales, todo nos parece hoy parte de una realidad invariable.

El Internet es un invento basado en un concepto de libre tránsito de la información en el que los pequeños bits fluyen buscando el camino más corto y eficiente de manera descentralizada, ajena a las fronteras políticas, sin importar cuál es el contenido que transportan, de dónde vienen o a dónde van, algo que se conoce como neutralidad de la red. Esto también nos parece algo que ya está dado, pues así opera nuestra red actual. Sin embargo, mantener la neutralidad de la red y permitir que el Internet sea un espacio de libertad no es algo sencillo, pues todos los días estos principios se ven amenazados por dos frentes: las grandes compañías y los gobiernos.

Por el lado de los gobiernos, la tentación de controlar el Internet es obvia: si puede alzarse un muro que permita que ciertos contenidos puedan ser censurados y que los ciudadanos simplemente no puedan conocer o expresarse sobre algún tema, entonces el Estado puede convertirse en un Gran Hermano. El caso de China es paradigmático: a pesar de mantener el acceso al protocolo actual de Internet, su “Gran Muralla Digital”, junto con el uso de aplicaciones locales por sobre las grandes aplicaciones extranjeras, permite al gobierno chino bloquear ciertos contenidos o sitios completos, así como vigilar la actividad de cada uno de sus habitantes. Hoy en día un ciudadano chino promedio no puede informarse sobre lo que está sucediendo en Hong Kong con las protestas multitudinarias y, si expresase algún tipo de simpatía en algún sitio, rápidamente sería censurado e investigado por el gobierno.

Precisamente por ello, más de un gobierno ha comenzado a moverse hacia la posibilidad de controlar el Internet y, en el extremo, crear versiones locales que no tengan contacto con el resto de la información global. Desde mediados del año pasado, por ejemplo, el gobierno ruso aprobó y comenzó la implementación de una “Red Soberana” que pueda aislarse del contenido externo, al mismo tiempo que aprobó legislación para que todos aquellos contenidos que se consideren amenazas para el Estado sean removidos sin ningún tipo de procedimiento que lo impida. En India, después del embate para eliminar la autonomía de Cachemira, el gobierno de Narendra Modi simplemente bajó el switch y dejó sin internet a más de 7 millones de personas; hoy, seis meses después, ellos aún no pueden consultar más que los sitios oficiales del gobierno.

La tentación de alterar el funcionamiento de Internet está presente en todas las latitudes. Precisamente por ello, también, es justo recordar que en nuestro país el IFT abrió un proceso de consulta pública sobre nuevos “Lineamientos para la gestión de tráfico y administración de red” que podrían alterar la neutralidad de la red. La batalla no está ganada.