Gobernar por siempre

Enfrentarse a la crisis
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Hace un par de semanas una noticia extraña apareció en los titulares: Vladimir Putin presentó una serie de reformas a la constitución rusa para buscar limitar los poderes del propio presidente y entregarle más facultades al Poder Legislativo y, de manera paralela, todo su gabinete, incluido el primer ministro Dimitri Medvédev, presentó su renuncia. Visto en el papel, esto podría parecer una muestra del desgaste después de 20 años en el poder de Putin, pero, por el contrario, evidencian su búsqueda de una manera para gobernar por siempre en Rusia.

La Constitución de 1993 establece un régimen en el que el presidente tiene el rol principal dentro del sistema político con una serie de amplias facultades, pero con una limitante que señala en su artículo 81 que la misma persona no podrá ser presidente durante más de dos periodos consecutivos.

En sus propuestas de reforma, Putin busca que la Constitución establezca de manera clara que nadie pueda ejercer la presidencia durante más de dos mandatos porque la redacción actual podría ser interpretada exactamente en la misma manera en que él la aprovechó: cuando en 2008 llegó al final de su segundo mandato presidencial, impulsó la candidatura de Medvédev, mientras que él se convirtió en su primer ministro y desde ahí ejerció el poder. Llegadas las elecciones de 2012, Putin se volvió a presentar como candidato presidencial, al no estar en el supuesto de un tercer periodo consecutivo, y llegó nuevamente a la presidencia (junto con una conveniente reforma constitucional que amplió el periodo de gobierno de cuatro a seis años). Con esta nueva redacción, su cuarto periodo, de 2018 a 2024, se convertirá en el último de Putin como presidente.

Pero esto no quiere decir que Putin esté ante el final de su carrera política. Por el contrario, lo que busca es convertir a la presidencia en un cargo en el que nadie más pueda repetir lo que él hizo, cerrando la oportunidad para que futuros personajes puedan acaparar tanto poder e influencia como él desde esa posición. La intención de Putin, entonces, es no seguir forzando su permanencia en el poder mediante su conversión, como Mao, en presidente vitalicio, y buscar algún tipo de consolidación institucional en la que él pueda seguir siendo el jugador más fuerte de todo el tablero. El problema de Putin es muy parecido al problema que enfrentaron los revolucionarios mexicanos en el siglo XX: ¿cómo crear una dictadura perfecta?

Precisamente por ello el segundo elemento de la reforma constitucional que plantea es fortalecer el poder de la Duma, el órgano legislativo ruso, junto con la entrega de más facultades y poderes al Consejo de Estado, una institución de gobierno que actualmente tiene una posición meramente ceremonial. En estas dos directrices, Putin parece delinear un sistema en el que Rusia parecerá una nación democrática, pero con reglas diseñadas para cerrarle el paso a posibles competidores y permitir que Putin cargue el poder consigo, como su equipaje, y lo lleve a las instituciones en que decida acomodarse. La tentación de gobernar eternamente parece siempre encontrar el modo de materializarse en las naciones gobernadas por una sola persona.