Golpe de Estado, Evo Morales y la democracia

Enfrentarse a la crisis
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No hay lugar a dudas, que los militares decidan el destino de un gobierno y obliguen a la renuncia de alguien en el poder es, sin duda, un golpe de Estado. Que las Fuerzas Armadas de Bolivia “sugirieran” (poniendo las armas como argumento) la renuncia de Evo Morales, y su posterior dimisión como presidente, es un golpe de Estado.

Dicho eso, es indispensable entender que este golpe de Estado no surgió de la nada, sino que es consecuencia de una larga serie de decisiones en las que Evo Morales dobló las instituciones democráticas y, en cierto sentido, también él rompió con las reglas del juego. No se trata de analizar los resultados de las últimas elecciones, en las que, tal como la OEA y el propio Evo reconocieron, hubo diversas irregularidades que ameritaban la repetición de la elección, sino de revisar el largo camino que Evo recorrió desde que ganó legítimamente la presidencia en 2005.

La Constitución vigente en ese momento, la de 2004, señalaba en su artículo 87 que “el mandato improrrogable del Presidente de la República es de cinco años”, es decir, Evo Morales no tenía derecho a reelegirse inmediatamente y su periodo de gobierno sería de 2006 a 2011. Pero Evo llegó al poder después de una larga lucha como dirigente sindical indigenista y haciendo de su identidad un argumento: un país profundamente desigual, con 62 por ciento de población de origen indígena, jamás en su historia había tenido a un presidente indígena.

De la mano con el profundo descrédito de los partidos tradicionales, con un amplio respaldo popular y apalancado en un alza en los precios de las materias primas (en especial después del hallazgo de grandes depósitos de gas natural que permitieron ampliar el gasto sin afectar seriamente a los más ricos), Evo Morales pudo llamar a una “refundación del Estado” para declararlo plurinacional y, entre otras cosas, tener una nueva Constitución, promulgada en 2009. En su artículo 168, este nuevo texto señalaba que el periodo del presidente sería de “cinco años y pueden ser reelectas o reelectos por una sola vez de manera continua”. Así, realizadas nuevas elecciones en 2009, Evo se presentó para su reelección constitucional hasta 2014.

Pero llegado el final de su mandato de 2014, en lugar de retirarse, como él había prometido, argumentó que su primer mandato no contaba porque había sido bajo otra Constitución, así que participó y ganó otra elección en 2014. Ya entrado en gastos, en 2016 decidió preguntar al pueblo, para no equivocarse, si debía poder presentarse a otra elección en 2019. Para ello, realizó un referéndum en 2016 que, sorprendentemente, perdió.

Rompiendo su palabra e ignorando el resultado de las urnas, el oficialismo acudió al Tribunal (afín a él) y preguntó si de todas formas podía presentarse a elecciones para un cuarto mandato, lo cual le fue concedido para no “atentar contra sus derechos políticos”. Así es como Evo llegó a estas elecciones. El golpe de Estado es un hecho, pero también que Evo Morales estiró la liga y dobló las instituciones a su antojo; ninguna de las dos acciones es democrática.