Lo más importante de Roma es la melancolía de lo que vivimos: Raúl Quintanilla

“En un país desigual las mujeres somos el blanco de la violencia”
Por:
  • bibiana_belsasso

La película Roma, de Alfonso Cuarón, está nominada a 10 premios Oscar, incluyendo Mejor Película, Mejor Director, así como Mejor Actriz Principal y de Reparto. Es una película notable, pero es también una parte del México que se fue, pero que sigue entre nosotros.

Hay muchos ángulos para hablar de esta película, desde lo social hasta lo político. Y también lo que significa ver a nuestro México desde afuera. De esto platicamos en Un café con… el maestro Raúl Quintanilla.

RQ: Antes que nada, quiero mencionar que mi gran orgullo es que Marina de Tavira fue una alumna mía que se formó con tres maestros: Luis de Tavira, José Caballero y con mi persona; y eso nos llena de orgullo a los tres porque sabíamos que iba a llegar muy lejos. Ahora, socialmente hablando, por denominarlo de alguna manera, lo más importante de Roma, como tal, es una melancolía de recordar las cosas que nosotros seguimos viviendo, porque sigue en nuestro deseo, en nuestra esperanza y en nuestra conciencia, que eran fundamentales de aquel tiempo; una sensación de armonía con la ciudad; los conflictos podrían ser los conflictos de la familia, pero no teníamos este miedo de salir a la calle, no teníamos este miedo de que afuera nos fuera a pasar algo. Recuerdo que los castigos cuando yo era chico eran de: “salte y no regreses”; entonces a uno lo echaban a la calle y uno se pasaba todo el día jugando. En Roma queda claramente que esa ciudad era habitable, era hospitalaria, era benigna, y eso es verdaderamente fundamental y es lo que todos tenemos como esperanza y como deseo de saber que es lo único que no debemos perder; y que si logramos pensar, podemos recuperar. Otra cosa muy bella es la sensación de la célula familiar, que independientemente de las crisis todavía contenía, creaba seres preparados para el bien, y es algo que a mí me enterneció. Roma se presenta en ese tiempo donde los hijos podían ser engañados de las malas noticias; o sea, el padre se va y no regresa, no hay redes sociales, no hay comunicación y el niño tiene que enterarse a partir de alguien que le revele los secretos familiares y era otra forma de existir. Y la tercera cosa que yo creo que es muy interesante, es el hecho de que en esa época convivían varias clases sociales en una casa y a partir de la cotidianeidad acababan siendo familias con muchas más personas de las que uno inició, pero de diferentes clases sociales, pero de ligas amorosas muy marcadas. Eso para mí fue fundamental en Roma.

BB: Muchos se preguntan, si es una película tan local, tan mexicana, de una sola colonia, ¿por qué ha tenido este éxito a nivel mundial?, ¿dónde se conecta la gente, un estadounidense, un italiano, un francés, con esta película?

RQ: A nivel inconsciente nos movemos en todos los continentes; la inconsciencia, o sea, lo que nosotros tenemos adentro, es algo que repercute en todas las maneras en que fue desarrollada una sociedad occidental. Aquel que vea Roma y vea una ciudad de los 60 y de los 70 se va a acordar de muchas ciudades italianas de los 60 y los 70; usted vivió en Italia y vea cómo hay similitudes en las estructuras de las ciudades, en las costumbres, en las ideas; lo mismo en las ciudades pequeñas de Francia; hay metrópolis como París y eso que conocemos solamente el centro histórico y pensamos que esto no, pero el que vea Roma estará palpitando por pensar que en ese tipo de ciudades crecieron sus abuelos, sus padres; se desarrollaron sueños y fantasías y estas generaciones nuevas vienen todas directamente de esa sociedad que quiso construir espacios urbanos, hospitalarios y benignos, y para crear sociedades mejores que las anteriores. Por eso creo que la película no tiene nada de local y las emociones nunca son locales. Las emociones humanas son todas las mismas en cualquier parte del mundo.

BB: También vemos esta época muy de los 70, donde sí podías salir a la calle, donde podías estar, en la que había la nana que te apapachaba; pero también en un México donde había una gran movilidad; por ejemplo, los “Halcones” famosos, este tipo de fuerzas y movimientos sociales tan radicales que, de alguna manera, acabaron lastimando y permeando a la sociedad a lo largo de los años…

RQ: Exactamente. Y hay una cosa que quiero decir: Alfonso Cuarón, Iñárritu, el señor Lubezki, Rodrigo, el otro fotógrafo maravilloso (creo que es Rodrigo Prieto), es una generación, no son casos aislados, es una generación que se formó en el CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos), que se formó en el CCC (Centro de Capacitación Cinematográfica), que se formó empíricamente también, salió del país y al salir logra ver a un México con una óptica totalmente distinta, lúcida. Es exactamente lo que le sucede en los años 50 y 60 a la generación del boom latinoamericano, a Carlos Fuentes, a Vargas Llosa, a Cortázar, a todos estos señores que salieron y luego vieron a América con la distancia del tiempo y del espacio y retrataron una América dolorosa y una América muy bella. Esta generación de mexicanos al salir hacia otras fronteras y revisar a México desde la distancia, han adquirido una forma de apreciación y de valorización de lo bello que significa el concepto de ser de esta nación y de este hermosísimo país.

BB: ¿Muchas veces uno tiene que salir y ver desde fuera las cosas para poderlas valorar, para poderlas apreciar?

RQ: No es una regla, pero sí es una forma de apreciación completamente distinta. La ausencia es la forma más bella de la presencia; cuando uno sale no se va solo, va arrastrando recuerdos de la familia, va arrastrando costumbres de aquellos que nos antecedieron, va arrastrando recuerdos de las ciudades que recorrimos; entonces, en ese sentido, la distancia simplemente es una forma de cercanía espiritual a través de lo que significa la melancolía y la apreciación del mundo de donde partimos.

“Acababan siendo familias con muchas más personas de diferentes clases sociales, pero de ligas amorosas muy marcadas. Eso para mí es fundamental ”

BB: Maestro, usted me decía muchas veces: “Cuando se te cierran muchos caminos, buscas otros”; a toda esta generación, a Iñárritu, a Lubezki, los corrieron de la escuela de cine aquí en México, ¿quiénes estaban en esa generación?, ¿a quiénes corrieron?

RQ: Sí, a alguien se le ocurrió echarlos porque decían que no tenían talento. Corrieron a Lubezki, a los dos Cuarón, porque son dos hermanos, y la justificación… porque yo en aquel tiempo era miembro de un consejo cultural de la universidad, porque era director de un centro; la persona que los corrió decía que no tenían talento. Realmente eran personas que se aburrían y que no estaban como para ser valoradas en un sistema tradicional, iban aprisa; su forma creativa, su forma cerebral y su forma de desarrollo rebasa los patrones normales; era gente que buscaba más y entonces esas personas pueden ser una “lata” en un sistema absolutamente tradicional; pero esas personas estaban preparadas para todo eso. Y recuerdo que fue una gran discusión que se armó sobre ese caso; ese fenómeno de exaltación y de personalidades distintas es provocado también por el gran talento y las ganas de comerse al mundo y, sobre todo, aparte de esas características, creo que esta generación de cineastas encontró la disciplina, la creatividad, el sentido de desarrollo y el hecho de estructurar muy bien sus procesos. Roma es una película que se hizo en 45 semanas, señora; es algo inaudito, algo insólito.

BB: Es mucho tiempo para rodar una película...

RQ: Es un lujo, en el cine es un lujo y, sobre todo, es una gran capacidad de estructuración de un grupo de personas cuidando, filmando cronológicamente; tenían que mantener las locaciones durante mucho tiempo. Entonces, creo que esta generación tenía un enorme talento y también, creo, una enorme disciplina y un sentido de creatividad.

BB: De los actores, me decía, Marina de Tavira, por supuesto, una mujer muy preparada, pero muchos otros simplemente hicieron un casting fantástico; nunca habían actuado y los lanzaron al ruedo.

RQ: Indudablemente ése es el trabajo de un director de escena, donde lo primero que haces es entender el texto; después es cómo vas a contar la historia, qué tipo de atmósferas vas a crear y cómo unificas el estilo de los actores. Marina de Tavira tuvo que entender que estaba trabajando con un grupo de actores que no tenía el manejo académico, las complicaciones académicas que se pone alguien que de repente ya sabe lo que es la estructura de la actoralidad, y lo que tuvo que hacer Marina es, yo creo, en un intento de enorme flexibilidad, desarrollar procesos distintos, ser flexible y entrar a un proceso de actuación. Yo creo que la gran labor del director de escena fue la unificación de estilos, sentido de tono y atmósfera; y lo logró espléndidamente este señor.

BB: Maestro, ¿cómo ve el cine mexicano?

RQ: Me gustaría que el cine mexicano presentara más productos como éste, que invitara a la gente al cine como éste, porque la verdad, para mi temperamento y  mi forma de ser, veo una cantidad de disque comedias colocadas en la cartelera, que creo que son trabajos menores y no aportan mucho al desarrollo de una nueva industria.